Literatura

ENREDOS EN MIRAFLORES

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July 12, 2015

“Las ideas no están claras en mí, huyen como la luz” Primavera sonámbula (1964).

He leído con agrado de lector atrapado entre las páginas del relato, la novela Miraflores (2012) de la escritora leonesa Rosario Fiallos Oyanguren -Rosario Aguilar-, identificada como la “narradora pionera” de Nicaragua. Es una obra escrita con lenguaje fluido y llena de imprevistos que sorprenden ante la expectativa de lo que vendrá: “La vida es así… No se ha terminado de apagar un incendio cuando surge otro inesperadamente. Se apaga todo hasta el día que nos morimos”.

Un adelanto fue incluido en la Revista Literaria del Centro Nicaragüense de Escritores “El Hilo Azul” (edición 3, 2011), dedicada a la autora de “Primavera sonámbula”, primera mujer miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua (1999). Reconoció que nunca había publicado “partes de mis novelas que no he terminado. Pero tampoco nunca me han dedicado una revista…” permitió adjuntar un fragmento de Vana Venganza “título tentativo que sé cambiaré al final, y que es como enviar un trozo de mí misma… he entrado a la etapa de corregir, pulir, podar”. El penúltimo nombre que la novela casi asume, cambiado antes de entrar a imprenta, según su editor y académico Francisco Arellano, fue “Venganza en Miraflores” que gracias al comentario de su hermano, el apreciado jurista y maestro Mariano Fiallos, dejó el actual. La novela asumió el nombre del pueblo en el que se desarrolla la trama, el asunto no son los acontecimientos, sino el escenario sociocultural que recrea todas las tramas posibles dando origen a los personajes.

ENREDOS EN MIRAFLORESNarra con sencillez los sucesos cotidianos y extraordinarios, los conflictos sociales y personales de un pueblo: Miraflores que pudiera ser cualquiera, -la virtud de Macondo- en donde los viejos recuerdos y comportamientos se juntan o esperan agregarse a los nuevos. Los antiguos males convergen con los modernos padecimientos humanos con interminables conflictos. Se debaten intereses y costumbres, traiciones y compromisos, la vida rural y tradicional que atrapa y la distancia que lleva a olvidar o huir, el conflicto de las tierras agropecuarias y mineras, los linderos y herencias, el ganado y los ganaderos, los caballos y jinetes, el negocio y las venganzas, el delito y las deudas, los resentimientos, las buenas y malas intenciones, la devoción y la mentira…

Alrededor de Crisanto Flores, terrateniente, transcurre el relato. Ronda una mujer misteriosa que trastoca los acontecimientos: Eloísa Loaisiga. A ella, a pesar de los antecedentes, el marido le fue fiel hasta que a los 58 años, 34 de casados, murió y lo dejó con un profundo vacío.

Crisanto estaba comprometido con Virginia Zapata, unirían las extensas propiedades familiares. José Ruiz, un joven de fuera, con antepasados en Miraflores, contraerá matrimonio con Eloísa Loaisiga, una joven de la ciudad. Las invitaciones han sido enviadas. Para Crisanto, es “la mujer más delicada y enigmática y deseable del mundo”, “le hierve la sangre, al tener frente a sí a aquella muchacha que lo perturba tanto con su aire de misterio”. Las parejas de novios, junto a los huéspedes, en vísperas del 15 de enero, celebran al Señor de los Milagros, se alojan en la propiedad de los Flores. En la noche ella llega a la habitación de Cristanto, es “una aparición divina”, empuja la puerta: “vengo dispuesta a ser tuya… probame que sos hombre”. El seducido fue él. Se amaron, en la mañana huyeron, los encontraron, decidieron romper sus compromisos anteriores, fueron obligados a “casarse a punta de pistola”. Eusebio, recién llegado a la parroquia, los confesó y casó. Quedó en silencio enamorado de “la devota Eloísa”, “su feligresa preferida”.

El nieto, Dagoberto Flores, hijo del mandador y su hija Rosa Eloísa, a quien crio como a su hijo, una mañana, creyendo que es el abuelo quien sale, lo sigue y cae en una emboscada en donde muere su padre biológico; el muchacho mata a Gregorio Casco, enemigo del abuelo, quien preparó para Crisanto aquel final; prevenido del hecho, envió al mandador sin sospechar que su nieto se involucraría en el lamentable conflicto. Logra que absuelvan al joven de dieciocho años por actuar en defensa propia; queda la “deuda de honor y de venganza” de los descendientes de Casco.

Unos años después el nieto vuelve a ser emboscado, logra matar a uno de los asaltantes, pero queda lesionado de la columna. El abuelo, con la complicidad del médico, su amigo Francisco Gámez, simula su muerte y entierra en su lugar al desconocido. Lo envía, para protegerlo de futuros atentados, donde su madre a Estados Unidos quien vive con su marido. El sacerdote, Eusebio Pinedo, su otro amigo, honesto y sencillo, se debate en sus dudas de hombre y religioso, se molesta al enterarse del engaño; guarda silencio por esta y otras cosas que llegan al confesionario, dice: “el mundo ha sido siempre una cadena de traiciones”. Crisanto especula sobre quién está detrás del atentado, no encuentra las pruebas que busca.

Una mujer llega donde el abuelo. Dice que su hermana fue contagiada de sida por su nieto. Dagoberto, al final de su enfermedad decide regresar, a pesar de la oposición familiar, en la festividad del Señor de los Milagros para cumplir una promesa. Al muchacho parapléjico, en silla de ruedas, le dan poco tiempo de vida; acuden a la celebración todo el pueblo, muchos visitantes, incluso los Cascos y los Zapatas. El abuelo lo acompaña. Todos llevan escondidas sus armas a pesar de la prohibición que el sacerdote insistente. Al concluir, el nieto se retira con el chofer, sobre la carretera encuentra a los nietos de Gregorio Casco quienes lo amenazan. Un disparo inesperado que según la policía no vino de los presentes, pone fin a la vida de Dagoberto… Un cazador obsesivo, el mismo que contrató el padre de la muchacha (hermano de José Ruiz, el novio que Eloísa dejó plantado) que quería alejar al joven mujeriego (sin saberlo la contagió de sida), para “asustarlo” en la emboscada que sobrevivió, regresa a cumplir la misión por placer.

La hija después de los funerales visita al padre Eusebio con el resultado de ADN que confirma que Crisanto no es su padre biológico. Pregunta al confesor si sabe de eso. El sacerdote fue engañado; ambos guardarán la verdad. La hija renuncia a su herencia y decide no volver; quiere al padre que la crio. Crisanto solo, su esposa amada falleció, a su nieto lo mataron, su hija se va para no regresar, Eusebio se retiró de la parroquia…; “No estoy tan solo en el mundo como creía. La tierra no está totalmente vacía. Allí está Virginia que me importuna y persigue por cualquier cosa…”. La tierra “seguía siendo lo más importante en la vida”, pensó en la finca de Virginia para expandir sus dominios… “Por Dios, ¿dónde estás Virginia, ahora que te necesito tanto?”

La historia revela la constante de ciertos factores culturales en un típico territorio de “La Región más transparente”, colonial y patriarcal, en donde la ley es relativa y la fuerza, alianzas, y arreglos convenientes, son condición de sobrevivencia incorporados en la genética social, política y religiosa ¿Cuántas verdades se esconden y pueden ser dichas en la ficción? Eh allí su virtud…

Rosario es “una escritora privilegiada”, su casa “era una universidad constante”, hija del Dr. Mariano Fiallos Gil, Padre de la Autonomía Universitaria. Disfruta del “silencio absoluto”, sencilla, de aspecto tímido y actuar reservado; se libera en sus escritos, cuidadosa en los detalles, confiesa que esta novela “es una nueva etapa”, que incorpora “pasión y pistolas”. Desde una prosa amable hay realismo social, pasiones con tragedias, rasgos costumbristas entre violencia, mafias, policías y tribunales, podríamos decir en el género cinematográfico, casi un “westerns”, pero con algo más.

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FRANCISCO JAVIER BAUTISTA LARA
Managua, Nicaragua

Comparto referencias de mis libros y escritos diversos sobre seguridad, policía, literatura, asuntos sociales y económicos, como contribución a la sociedad. La primera versión de esta web fue obsequio de mi querido hijo Juan José Bautista De León en 2006. Él se anticipó a mí y partió el 1 de enero de 2016. Trataré de conservar con amor, y en su memoria, este espacio, porque fue parte de su dedicación profesional y muestra de afecto. Le agradezco su interés y apoyo en ayudarme a compartir.

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