Beatriz: viajera y contadora de historias que contagian y sanan
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Beatriz: viajera y contadora de historias que contagian y sanan

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June 1, 2023

“Mis ojos ven

pero miran poco,

más percibe de ti

mi alma…,

desde mis interiores

hasta los tuyos”.

(Descubriéndote, 2011, F.J. Bautista)

 

Beatriz Alba Quiñonez (Quindío –Armenia-, Colombia, 1950) encarna en su expresión la sonrisa, el ímpetu y la perseverancia, la desahogada inquietud de compartir que aparece en ella natural y no es indiferente al oficio que con vocación ha desarrollado durante su vida profesional de maestra y enfermera viviendo entre la alegría del éxito de la sanación y la decepción humana a pesar de la buena intención.

Observando, escuchando y haciendo, viviendo y sanando sus propios dolores, alentando las esperanzas que restauran el camino que le toca recorrer, ha sido testigo del sufrimiento y ha estado presente en el amanecer y el ocaso ajeno, ha visto caer del árbol la hoja marchita que se lleva el viento y brotar el fresco retoño de la existencia, ahora, desde la inagotable energía contagiosa que la acompaña, lo que le permite ser una incansable viajera y, como el compatriota de la lengua común Rubén Darío escribió: “Yo he navegado, he vivido” (1909), ella también podría afirmar, al igual que Pablo Neruda (1974): “Confieso que he vivido”, he viajado.  Por necesidad cuenta sobre sus viajes desde las imágenes que capta su cámara y a través del texto que transforma las emociones. Para vivir, hay que servir, compartir, viajar y contar… hay que sufrir y gozar, hay que caminar y caerse… El arte de contar es inseparable al arte de vivir.

Es una incansable contadora de historias humanizadas y humanizantes, sensibles y sensitivas, sin indiferencias, revestida de alba, como su nombre. No relata lo que ve desde afuera, sino que, divagando con la diversidad del lenguaje, en la serena quietud del amor que todo lo cura y todo lo salva, aunque, como ella dice: “El amor tiene un lado oscuro: el egoísmo”, y diremos: hay algo de locura en el amor; “¿Es la locura un castigo o un privilegio?” ¿es oscura, luminosa o incolora? Parafraseando a Thomas Mann en “José y sus hermanos” es capaz de ver, -no con los ojos, sino con el corazón- una entrada al inframundo. Ella pudo salir de la isla para ver la isla –así escribió José Saramago- para contar lo que ve (ve y se ve) acerca de la isla de la que es parte.

Beatriz: viajera y contadora de historias que contagian y sananNuestro encuentro fue providencial, desde el espacio virtual del curso “Leer y escribir: dos caras de una moneda” (2020), en los meses más crudos de la confusa Pandemia,  “vamos a oscuras en medio de tantas incertidumbres”, -dice Beatriz-, y cuando nos ahogaba el enfermizo encierro, un grupo de latinoamericanos de distintos orígenes y experiencias, nos juntamos para aprender y enseñar con la inquietud común de darle sentido al tiempo vivido, al silencio y a la soledad, de decir las cosas para sanar y compartir, de escribir como una oportunidad de encuentro con uno mismo, y a través de ello, con todos de los que somos parte… El intercambio humano es de experiencias, emociones, sensibilidades e ideas, de presencia y ausencia, somos seres sociales y espirituales.

Beatriz, con las evidentes cualidades de la juventud que preserva en la madurez, no ha perdido la capacidad de sorprenderse, de ser acuciosa y curiosa, de leer y conversar, de buscar y encontrar para continuar buscando. Al leer imagina, al ver va más allá de la limitación temporal y espacial, en ella aguardan un caudal de experiencias y conocimientos prácticos que es capaz de soltar con fluidez desde el recuerdo que encarna su memoria emocional, para permitir que, en el relato despierte la sensibilidad del lector. Es casi un manual que mueve a la compasión para superar la indiferencia. Es imposible, frente a sus textos, la indiferencia emocional del espectador.

Primero fue “Cuando el amor se viste de blanco” (Montevideo, 2021: https://a.co/d/7VGZ09v) y ahora: “Cuando habla el corazón de una enfermera” (Cali, 2022: https://a.co/d/0CzU1xv). El primero contiene sesenta (60) impactantes relatos de pacientes cuyas circunstancias y desenlaces atendió en su servicio como enfermera y educadora, son “vidas que tocaron las nuestras”.  El segundo son las vidas de veintidós (22) enfermeras y enfermeros sumergidos en sus propias circunstancias, quienes, desde la diversa complejidad personal, son influidos por los rostros que pasan, con quienes van de tránsito, un rato juntos y después separados, otros siguen, queda la ausencia, la satisfacción o la insatisfacción que acompaña…

Más allá de la suficiente intensidad de las historias narradas, la autora asume posiciones, señala paradigmas, entreteje reflexiones que escarban las causalidades e interdependencias: ¿Son las penas fuerzas del destino? La muerte, la enfermedad, la crisis, el accidente, la tragedia, pero también la vida, la salud, la oportunidad, el azar, el éxito… son “encrucijadas del camino”. Las enfermedades entran por la cabeza y el corazón. La mente no perdona, alguien más dijo “el subconsciente no entiende de bromas”. “Casi todas tienen una causa espiritual y emocional… Si no perdonamos a tiempo, el daño será irreparable: cáncer, tumores, quistes, aneurismas, síncopes; en fin, toda clase de trastornos físicos y emocionales en corazones rotos, en corazones odiosos, envidiosos o llenos de frustración, amargura o ira”. “la ira y el rencor son gemelos diabólicos que destruyen todo a su paso”. “La comprensión, el perdón, el amor y la generosidad son los mejores sanadores”. Cargar culpas y remordimientos son autodestructivos, se convertirán en mecanismos inconscientes que se manifiestan en enfermedades físicas y/o mentales. Los miedos que nos perturban, el terror a lo visible y lo invisible, las dudas y las certezas, la desesperanza y la fe. En todo esto la palabra que nos diferencia en el camino de la evolución, tiene un papel de sanación al ofrecer la posibilidad del desahogo, puede ser expresión de gratitud sanadora en el entorno de la propia realidad histórica compleja-conflictiva de la autora. Son testimonios que desde el servicio susurran sobre la bondad humana que siempre se manifiesta en las peores circunstancias, cada relato invita a la reflexión, son para leerse y detenerse a pensar alzando la vista al vacío…

He aquí Beatriz: en las palabras escritas va el aliento de su vida.

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FRANCISCO JAVIER BAUTISTA LARA
Managua, Nicaragua

Comparto referencias de mis libros y escritos diversos sobre seguridad, policía, literatura, asuntos sociales y económicos, como contribución a la sociedad. La primera versión de esta web fue obsequio de mi querido hijo Juan José Bautista De León en 2006. Él se anticipó a mí y partió el 1 de enero de 2016. Trataré de conservar con amor, y en su memoria, este espacio, porque fue parte de su dedicación profesional y muestra de afecto. Le agradezco su interés y apoyo en ayudarme a compartir.

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