Influencia de Rubén Darío en la política del Estado de Nicaragua
Se necesita, Roosevelt, ser por Dios mismo,
el riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Rubén Darío (A Roosevelt, 1905).
En Nicaragua hay dos personajes que en el discurso y la práctica determinan la vida política, institucional y cultural del país. Están inseparablemente presentes en el imaginario colectivo. Estos son, en orden cronológico: Rubén Darío , que el Estado de Nicaragua declaró Prócer de la Independencia Cultural y el general Augusto C. Sandino que la Constitución Política nombró Padre de la Revolución Popular Sandinista y Antiimperialista, ambos son reconocidos como héroes nacionales, son referentes principales oficiales e históricos del país. Uno por su lucha en contra de la intervención norteamericana en defensa de la soberanía, y el otro por los invaluables aportes en la revolución literaria que impactó en el mundo hispano.
Cuando uno analiza cualquier contexto político, cultural, social, histórico de Nicaragua durante el último siglo, la presencia de estos dos personajes, el contenido de la obra y los mensajes de Darío en la prosa y poesía escrita en el camino recorrido, con una influencia literaria contundente, y Sandino, abundante por los pronunciamientos realidad y correspondencia frente a la desproporcionada lucha de la que salió victorioso, generando un pensamiento político durante más de seis años de resistencia en contra de la intervención norteamericana, ambos desde sus circunstancias y han influenciado en buena parte del siglo XX y XXI en la historia de Nicaragua.
El Estado de Nicaragua actual que preside el gobierno sandinista desde 2007, recoge estos dos insumos fundamentales en su formulación política en distintos ámbitos, no es casual que en las calles del país ya lo largo del año, estas dos figuras monumentales aparecen siempre y que las plazas del país, los centros culturales, políticos, institucionales, sociales, académicos y culturales estudian y reproduzcan de manera visible los mensajes e imágenes de Sandino y Darío.
Voy a referirme a uno de ellos, a Rubén Darío, el más insigne diplomático nicaragüense, primero en el tiempo por su presencia desde fines del siglo XIX. ¿Cuál es el impacto específico en las políticas gubernamentales de Nicaragua y en particular en las relaciones exteriores del gobierno nacional?
Comienzo señalando tres cosas. Uno: el origen de Darío. Los planteamientos políticos, culturales, sociales que expresados están originados en su historia personal, dónde nació y creció. Aunque vio la luz en Metapa vivió en León la niñez y la adolescencia. Es un elemento inicial que no podemos olvidar. Era León en los años 60 y 70 del siglo XIX la ciudad capital de la provincia colonial o sea hay un ambiente colonial, era sede de la diócesis católica de Nicaragua y Costa Rica, por lo tanto, un centro clerical, era sede universitaria, la segunda universidad de Centro América, por lo que era centro académico, convergen estos tres elementos: lo colonial, lo religioso y lo académico, pero además se convirtió en centro político del pensamiento liberal revolucionario progresista. Darío creció en un entorno con efervescencia política, cultural, académica y religiosa en donde se manifiestan diversas expresiones de la vida y de la historia nacional, una de las dos primeras ciudades fundadas en Nicaragua.
El segundo elemento que determina lo que Rubén Darío será, es la familia en donde está, el tío abuelo de Félix Rubén es Félix Ramírez Madregil, esposo de su tía abuela Bernarda Sarmiento, era un militar retirado, de pensamiento liberal, había participado en la Guerra Nacional de Centro América y fue uno de los primeros que identificó que la presencia de Walker era de riesgo y amenazaba la soberanía nacional. En los primeros años el niño pasa en contacto con este reconocido hombre y su tía, madre y padre de crianza, conoce de primera mano la idea de soberanía e independencia que el liberalismo progresista expresaba en el círculo familiar. Eran una pareja culta, leían libros que estaban en la casa e invitaban al curioso niño a leer y descubrir.
El tercer elemento es que el tío abuelo atrae a otros personajes de similar pensamiento político e inclinaciones culturales de León de aquel entonces, entre ellos a Máximo Jerez, ideólogo liberal, anticlerical y unionista, que favorecía la idea de la unión centroamericana. Desde niño participa en las tertulias, que eran reuniones del vecindario para conversar sobre asuntos cotidianos, políticos, sociales, culturales, leer poesía, tocar guitarra, todo eso ocurría en casa y ahí estaba Rubén. En ese escenario se debate de manera coloquial sobre la Revolución Francesa, sobre el unionismo centroamericano, la Guerra Nacional de Centroamérica, la expulsión de Walker, la defensa de la soberanía, la independencia, el anti clericalismo, es decir, desde las perspectivas del liberalismo progresistas, unionista, de nacionalidad centroamericana e hispanoamericana mucho más amplia. Ahí crece Félix Rubén, por lo tanto, desde el inicio estaba influenciado por criterios que va desarrollando en el tiempo, cuando va creciendo, en el camino autodidacta de aprendizaje y en el recorrido por el mundo de la literatura. Hay que tener en cuenta la frase de José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias…”, esas eran las suyas de origen que marcaron su evolución.
Hay otro elemento importante. Darío crece en el contexto político, histórico social cuando apenas diez años antes había concluido la Guerra Nacional de Centro América, el suceso estaba fresco en la memoria, los dramáticos hechos de la invasión de Walker, de la unión de Centro América para expulsar al filibustero, el niño escucha las historia reciente, los daños de la guerra, construye un pensamiento a partir de la repudiable presencia invasora de Walker esclavista que pretendía arrebatar la soberanía e independencia de Nicaragua y amenazaba la de Centro América. Eso también forma en él una convicción pacifista que continuará forjando durante su vida.
Nace durante los gobiernos conservadores a los que la familia y el círculo que lo rodea rechazan porque son liberales; los conservadores están en el poder político y los liberales en la posición. La Iglesia Católica es aliada cercana de los conservadores y Máximo Jerez es anticlerical, ellos propugnan por la separación de la iglesia y el estado, un proceso que después José Santos Zelaya profundiza con la revolución de 1893. Ese es el contexto que observa Rubén Darío.
A fines del siglo XIX, cuando Darío había publicado Azul… , en 1898, ocurrió la Guerra Hispano norteamericana donde el imperio español colonial decadente perdió las últimas colonias y Estados Unidos con el supuesto de ayudarlas a independizarse, en particular a Cuba y Puerto Rico, enfrentado al ejército español. La derrota de España implicó que le arrebató Cuba y Puerto Rico, pero no para consolidar la independencia de las nuevas naciones, sino para quedarse con ellas. Darío observó ese panorama. Las colonias arrebatadas quedan bajo el control de los Estados Unidos.
Al iniciar el siglo XX ocurre otro suceso. La potencia emergente, como parte de su estrategia expansionista, tenía el interés geopolítico de construir el canal interoceánico por el istmo centroamericano. La opción era Nicaragua y Panamá -parte de Colombia-, Estados Unidos con ese propósito promueve la independencia de Panamá, lo que parecería positivo, pero era para tomar posesión de la nueva república. La independencia de Panamá se declaró en noviembre de 1903, quince días después de que cedió la construcción del canal a los Estados Unidos quien se instaló en el lugar estratégico para confirmar su dominio en Centroamérica y el Caribe.
Darío es testigo de acontecimientos. La posición que cultiva, según lo que va observando, es que hay un peligro creciente del poderoso vecino del norte que expande sus dominios, desplaza a los españoles, pero no para fortalecer la independencia de los países del sur, sino para someterlos como pasó antes con inmensos territorios que usurpó a México, después Cuba, Puerto Rico y ahora Panamá.
De manera profética Darío pronostica un panorama peligroso para América Latina. Hay cuatro textos en particular a los que quiero referirme. En 2010 el Banco Central de Nicaragua publicó Escritos Políticos de Rubén Darío , un voluminoso libro de unas 450 páginas, que reúne 47 textos en prosa en los que aborda los temas políticos. Me referiré de allí a dos artículos en prosa y del libro de 1905 a dos poemas para que veamos el contenido y algunas referencias.
Uno se llama Por el lado del norte . El artículo fue publicado en El Heraldo de Costa Rica, el 15 de marzo de 1892, cuatro años después de Azul… En 1892 es seis años antes de la Guerra Hispano-norteamericana y diez años antes de apropiarse de la ruta del Canal por Panamá. Rubén Darío escribe y pronostica, dice: “Por el lado del Norte está el peligro. Por el lado del Norte es por donde anida el águila hostil. Desconfiemos, hermanos de América, desconfiemos de esos hombres de ojos azules que no nos hablan sino cuando tienen la trampa puesta”, el texto continúa, es interesante cómo éste joven poeta de 25 años percibe la amenaza.
Hay otro texto que es conocido, se llama El triunfo de Calibán. Fue publicado en El Tiempo, Buenos Aires, en mayo de 1898, ya aquí está planteada la guerra de España y Estado Unidos. El articulo comienza así: “No, no puedo, no quiero estar de parte de esos búfalos de dientes de plata, son enemigos míos, son los aborrecedores de la sangre latina, son los Bárbaros. Así se estremece hoy todo noble corazón, así protesta todo digno hombre que algo conserve de la leche de la Loba”. Sigue: “Y los he visto a esos yankees, con sus abrumadoras ciudades de hierro y piedra y las horas que entre ellos he vivido, las he pasado con una vaga angustia. Parecíame sentir la opresión de una montaña, sentía respirar en un país de cíclopes, comedores de carne cruda, herreros bestiales, habitadores de casas de mastodontes. Colorados, pesados, grotescos, van por sus calles empujándose, rosándose animalmente, a la caza del dólar. El ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y a la fábrica. Comen, comen, calculan, beben whisky y hacen millones. Cantan Home, sweet home! y su hogar es una cuenta corriente, un banjo, un negro y una pipa. Enemigos de toda idealidad, son en su progreso apoplético, perpetuos espejos de aumento; pero su Emerson bien calificado está como luna de Carlyle; su Whitman con sus versículos a hacha, es un profeta demócrata, al uso del Tío Sam; y su Poe, su gran Poe, pobre cisne borracho de pena y de alcohol, fue el mártir de su sueño en un país en donde jamás será comprendido, etc.”. El texto es un poco más largo.
Mencionaré dos poemas en particular en los que Rubén Darío plantea su pensamiento político. Están publicados en Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas, el libro de la madurez modernista, publicado en Madriz en 1905. El primer poema es Salutación al optimista. Leeré unos versos: “Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, / espíritus fraternos, luminosas almas Salve!”. Aquí rescata la identidad latinoamericana e hispanoamericana, hay un elogio o aspiración a la nacionalidad e identidad latinoamericana – hispanoamericana, que siempre preserva en todos sus textos en verso y en prosa. El poema en otra de sus partes dice: “La inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra; / fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas las águilas, / y algo se inicia como vasto social cataclismo” … Darío está siendo testigo del cambio de un Nuevo Orden Mundial, a menos de una década de la Gran Guerra Europea o Primera Guerra Mundial. En otra estrofa: “Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos; / formen todos un solo haz de energía ecuménica. / Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, / muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo. / Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente” …, etc.
Finalmente, otro poema conocido es A Roosevelt, un clásico de la poesía, no solo por la belleza estética, sino porque inaugura una poesía con gran calidad y agudeza política, con un planteamiento contundente que atrae a las generaciones de su tiempo, dice: “Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, / que habría que llegar hasta ti, Cazador! / Primitivo y moderno, sencillo y complicado, / con un algo de Washington y cuatro de Nemrod! /. Eres los Estados Unidos, / eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, / que aún reza a Jesucristo y aún habla en español” … El poema sigue, termina con un verso: “Y, pues contáis con todo, falta una cosa: Dios!”.
En estos cuatro textos, dos en prosa y dos en versos, podrían resumirse de manera limitada, el pensamiento político de Darío que influye en la política exterior del Estado de Nicaragua, uno de los autores claves junto con Sandino, al cual no me referiré ahora.
Hay, entre otros, unos cinco elementos planteados por Rubén Darío en su obra poética y literaria:
El primer elemento clave señalado por Darío es su visión hispanoamericana unionista. Él cree en la unidad latinoamericana, en la unidad centroamericana, cree que juntos podemos, se siente centroamericano e hispanoamericano. Darío es un nicaragüense que vivió en León, pero se siente español, se siente guatemalteco, mexicano, cubano y argentino, se siente salvadoreño, costarricense y panameño, es su sentimiento trasciende las fronteras territoriales. La visión unionista es fundamental en la creación literaria de Darío.
El segundo punto es el concepto de soberanía e independencia . Darío insiste en la independencia de los pueblos y en la soberanía, principalmente frente a la amenaza del vecino del norte que crece y expande, se viene a los vecinos, cree que la independencia y la soberanía son patrimonio y activos fundamentales de la nación, eso es importante, lo aprendió desde pequeño y en su juventud en el contexto de origen, desde el escenario y entorno en el que vivió.
El tercer punto es el patriotismo , el respeto y afecto a la nación, es un patriotismo comprometido, es decir de enorgullecerse por la herencia histórica indígena, negra y española de la nación a la que pertenece, ese orgullo de patriotismo lo expresa en su obra.
Tiene sensibilidad social, cultiva sentimientos de afecto a los débiles, frágiles y excluidos, hay varios escritos que enfatizan lo político en lo social, donde lo político es inseparable de lo social. Tiene planteamientos de solidaridad , éste es el quinto elemento; solidaridad no solo personal, sino entre los pueblos, a partir del concepto de nacionalidad centroamericana, latinoamericana, hispanoamericana, por lo tanto, la solidaridad de los pueblos. Rubén Darío es claro en señalar que no somos aislados, que actuamos en colectivo y logramos propósitos juntos. Darío al igual que Sandino cree en el concepto de “raza”, pero no desde el punto de vista genética, sino que desde el origen histórico, cultural, idiomático y de tradición, es decir somos una misma raza, porque tenemos una tradición, una historia, una cultura, una lengua que compartimos, intereses, preocupaciones y riesgos compartidos, incluso algunas veces se refería a la “lengua patria”, es decir el idioma que une, conocido que en él hay sangre india y negra como efectivamente lo era y española, es decir que somos mezcla. de herencias, por eso el gran peligro que percibe de perder la soberanía e independencia frente al expansionismo del Norte, esa avidez por tragarse territorios vecinos como ocurrió con México. Darío señala a Estados Unidos, identifica con certeza la amenaza, considera que la única forma de enfrentar el riesgo es uniéndonos y preservando nuestra legítima identidad.
En conclusión, de manera preliminar e incompleta, el pensamiento literario de Rubén Darío, de profundas expresiones políticas, ha influido de manera determinante en la política del Estado de Nicaragua y en particular en la naturaleza de dignidad, solidaridad, respeto y cooperación de las relaciones exteriores que el país promueve en defensa de la independencia, la soberanía y la autodeterminación.
