NICARAGUA EN EL ÍNDICE GLOBAL DE PAZ
Politica Reflexiones Seguridad Ciudadana

PAZ Y SEGURIDAD CIUDADANA. Lección inaugural UNAN-FAREM-ESTELÍ

on
July 21, 2019

Estelí, viernes 5 de julio de 2019.

Link de la conferencia:

https://www.youtube.com/watch?v=UfpSVddU_Is&t=2662s

(Texto corregido:)

Los cuatro puntos de esta conferencia van a ser, primero: Paz social y bien común; en segundo: Seguridad ciudadana: componentes inseparables; tercero: Violencia por manipulación y desinformación; y finalmente, el cuarto punto: Conclusiones, para abrir después la posibilidad de que ustedes puedan hablar, preguntar o comentar, y cerrar con los comentarios finales.

  1. Paz social y bien común.

 

Al igual que lo frágil, no tiene como palabra opuesta, lo robusto, como suele decirse en el lenguaje común, incluso en los diccionarios del idioma español, pero cuando analizamos la relación de las palabras, con respecto al sentido profundo y filosófico que tienen, nos damos cuenta que el antónimo de frágil no es robusto, sino “anti-frágil”, porque lo frágil es aquello que, frente al impacto que ocurre de fuera, se destruye, fracciona o quiebra. Lo robusto es aquello que frente al impacto que viene de fuera, simplemente lo resiste, no se quiebra, no se fragmenta, pero no asimila el impacto. Pregunto: ¿qué es más frágil? ¿Yo, Francisco Bautista? ¿O mi celular? ¿Saben qué es más frágil? Mi celular, porque al celular, si le doy un golpe se desintegra, desaparece y deja de funcionar, yo puedo sufrir durante veinte años golpes de la vida y de las circunstancias, los asimilo y después de cada golpe puedo ser mejor. Es decir, soy más anti-frágil que lo frágil de mi celular.

De tal forma que, tampoco es correcto decir, que el antónimo de “paz” es “guerra”, porque paz no es la ausencia de guerra, ¿saben qué es paz? Paz es la prevalencia del bien común, por lo tanto, no es correcta la afirmación lingüística limitada de señalar como antónimo de paz la palabra guerra, porque paz es mucho más que eso, está determinada por una condición fundamental: la prevalencia del bien común.

Aquí se habla, por ejemplo, de la paz interior, con una connotación espiritual y personal, pero también podemos hablar, y es a la que me voy a referir, de la paz social. Es decir, una paz de los colectivos humanos, de las comunidades, de las familias, la paz de la nación, pero una paz que tiene como condición fundamental, para que sea paz, la prevalencia del bien común. La paz sólo se sustenta, y es solo sostenibles si prevalece el bien común.

Pero, entonces, aquí surge la necesidad de una discusión: ¿Qué es el bien común? Y tenemos que referirnos a un concepto básico e importante que lo vincula: “estado”: ¿Para qué existe el estado? ¿Para qué creamos los estados en el mundo contemporáneo? ¿Para qué son los estados modernos? Y la doctrina, la filosofía del derecho, nos lleva a un planteamiento fundamental, y es que el estado puede tener, en dependencia del planteamiento doctrinario que se asuma, un fin único, o fines múltiples.

Cuando nos referimos que el estado tiene fines múltiples, decimos que es para el desarrollo urbano, la seguridad, la salud, la educación, la defensa, para las relaciones exteriores, la seguridad social, es decir, el estado con fines múltiples: que organizamos los ciudadanos, y lo creamos, como una conveniencia necesaria, para esos propósitos múltiples.

Podríamos sintetizar que el estado tiene un fin único, y la pregunta obvia es: ¿Cuál es el propósito del estado? ¿Cuál el fin único? La doctrina concluye que el fin único, y fundamental del Estado es el bien común.

La Constitución Política de Nicaragua de 1987, incluida sus últimas reformas del año 2014, que es un pacto social, el contrato social en el que los ciudadanos que se ponen de acuerdo por el bien común. Por lo tanto, se transforma en el instrumento principal para el bien común, dice:

“El Estado nicaragüense reconoce a la persona, la familia y la comunidad como el origen y el fin de su actividad, y está organizado para asegurar el bien común, asumiendo la tarea de promover el desarrollo humano de todos y cada uno de los nicaragüenses…”.

El segundo párrafo del mismo artículo constitucional detalla: “Son principios de la nación nicaragüense, la libertad, la justicia, el respeto a la dignidad de la persona humana, el pluralismo político y social, el reconocimiento a los pueblos originarios y afrodescendientes de su propia identidad dentro de un Estado unitario e indivisible, el reconocimiento a las distintas formas de propiedad, la libre cooperación internacional, el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos, los valores cristianos, los ideales socialistas, las prácticas solidarias y los valores e ideales de la cultura e identidad nicaragüense”.

Eso dice la Constitución, para eso existe el Estado de Nicaragua. Es decir, aquí se enuncian fines múltiples, pero, además, al principio del artículo constitucional, se asume el fin único del Estado: el bien común.

Pero, entonces aquí volvemos a la pregunta: ¿Y qué es bien común? Ya dijimos que el bien común es condición indispensable para la prevalencia de la paz: paz sin bien común, no existe. Y la Constitución Política de Nicaragua reconoce como fin único del Estado, el bien común, pero no hemos terminado de definir qué es bien común. Tenemos que ir a la doctrina y a la práctica política. Podemos encontrar el concepto de bien común, desde un punto de vista abstracto, ideal, conceptual, el bien común en general, o podemos remitirnos al concepto de bien común concreto y real.

Cuando hablamos de bien común concreto y real, nos referimos a un lugar y territorio concreto en un momento y circunstancia histórica, por ejemplo, a Nicaragua en el año 2019, es concreto y real. Y cuando hablamos de bien común en sentido abstracto, nos referimos a las definiciones conceptuales, ideológicas y filosóficas de bien común; ambas realidades coexisten, porque lo abstracto y lo teórico, se combina con una realidad específica posible que se llama Nicaragua 2019, al final de la segunda década del siglo XXI.

Hay dos conceptos o palabras claves para entender bien común, estás son: orden y justicia. De tal forma que, cuando hablamos de bien común, tendríamos que referirnos a un primer concepto clave: Orden. Ahora la pregunta es: ¿Qué es orden? Orden es un ordenamiento moral, las personas que coexisten, que conviven en una comunidad, en esta ciudad, en este municipio, en este país, requieren establecer un mínimo de reglas que ordene las relaciones y los vínculos entre ellas. De tal forma que esas personas, esos individuos, al integrarse a un colectivo, están sujetos a obligaciones, están sujetos a responsabilidades. Por ejemplo, ustedes están sentados en la silla, y me pregunto ¿Por qué no están sentados en el suelo? Porque hay un orden, la Universidad puso un orden, es una cosa muy simple y lógica. Pregunto: ¿por qué los vehículos en esta ciudad circulan en el carril derecho, por qué no pueden ir en el izquierdo? ¿por qué ante una señal de ALTO los vehículos se detienen? Porque la ciudad, la nación, puso un orden, porque hay una regulación que estableció ese orden de seguridad del tránsito vehicular, al igual que lo hizo la administración en esta institución universitaria. Con respecto a las regulaciones municipales: ¿Por qué no podemos botar la basura en cualquier lugar? Estamos sujetos a una prohibición. Alguien puso un orden que estamos obligados a acatar.

De tal forma que, el primer concepto clave para entender el bien común, es orden. El estado se crea para establecer un orden entre los ciudadanos, entre los particulares, porque cuando somos muchos, y cada quien hace lo que quiere hacer, no es posible vivir en un espacio y en un tiempo común. El orden es garantía de la estabilidad social, y es un freno de la “libertad”. ¿Saben por qué? Díganme ustedes, ¿quiénes quieren sentarse en el suelo? A lo mejor hay alguno que se quiere sentar en el suelo, pero ¿saben qué? No pueden sentarse en el suelo, deben hacerlo en las sillas que están colocadas de una manera determinada, porque la Decanatura de este centro universitario no lo permite de manera distinta. ¿Algunos quieren andar en short, camiseta o en vestido de baño?, saben, los sacan de aquí. Entonces, la libertad de ponerse un short o una camiseta, o sentarse en el suelo, aquí no la tienen.

Hay un “freno a la libertad”, y ese freno a la libertad significa que está limitada por ciertas condiciones o exigencias de orden. Cuando el orden es máximo, la libertad es cero, es decir, no te dejan hacer absolutamente nada. Eso es un estado déspota, absoluto, autoritario, es decir, la libertad personal y social es cero, y el orden es máximo. Veamos en el otro extremo: la libertad es total: “Hagan lo que quieran”, libertad absoluta, orden cero, no hay normas ni regulaciones de ningún tipo. ¿Qué pasaría si en Estelí, un día dicen: “toditas las normas, toditas las regulaciones en este municipio desaparecen”? Estelí se hace pedazos, porque esa libertad absoluta de los ciudadanos que son parte de una comunidad se convierte en un caos, en anarquía. Entonces, en cualquier sociedad, el orden está frenando la libertad, y la libertad frena el orden. La sociedad, la gestión política, deben buscar el balance; un balance donde haya un grado de orden y un grado de libertad. Ese balance es el que se busca, es el que el estado busca como concepto de orden: un orden que es vinculado al bien común, que es el fin único del Estado.

La sociedad lo que debe buscar siempre es el máximo orden, dentro de la máxima libertad posible. No es posible la libertad absoluta, ni es posible el orden absoluto, el balance es el fin del estado, entre los particulares, porque “Caras vemos, corazones no sabemos”, si nos dejan hacer lo que quisiéramos o se nos ocurra hacer, ¿quién sabe lo que haríamos? ¿qué desastres ocurrirían? Nos desbordamos con facilidad, porque habemos de todos, habemos personas que no necesitamos que nos atajen, y habemos algunos que, si no estamos bajo cierto control, nos incendiamos fácilmente. Así es la naturaleza del ser humano.

No es que esto sea anormal, pregúntenle a los maestros con los alumnos, hay alumnos que no necesitas decirles mayor cosa porque son bien llevados, y hay alumnos que hay que estar restringiéndolos y poniéndoles normas para encausarlos en el sentido de responsabilidad, en un mínimo de orden que requiere el funcionamiento de la universidad, de la familia, de la comunidad y de su propio desarrollo personal.

Orden, se define, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, como la colocación de las cosas en el lugar que corresponden, como la regla o modo que se debe observar para las cosas. Hay un refrán popular que dice, y esa podría ser una definición nicaragüense de orden: “Cada lora en su Guanacaste”.

Ahí tenemos el primer concepto de bien común. Ahora hay que abordar el segundo elemento clave: Justicia. Igual que orden, justicia tiene su origen en latín. Los romanos y los griegos nos heredan esos conceptos, y el estado moderno, en Nicaragua, Estados Unidos, Francia, etc., está sustentado en general por los mismos principios. ¿Qué dice el diccionario de Justicia? Dice que es un principio moral, que le lleva a dar a cada uno lo que corresponde o lo que merece, es un concepto vinculado al derecho, a la razón y a la equidad.

Establece un marco adecuado, un marco que define lo tuyo y lo mío, lo nuestro y lo ajeno, lo público, lo particular y lo privado, “reglas claras, conservan amistades”, dice un refrán, eso es justicia. “El respeto al derecho ajeno, es la paz”, decía Benito Juárez. Entonces, tenemos este segundo concepto clave: Justicia. La justicia se vincula al derecho, y la justicia solo existe dentro de un marco de orden. La justicia, es parida o condicionada por el orden, por decirlo así: sin orden, no hay justicia. Es imposible que la justicia subsista sin un marco de orden.

Veamos el balance: orden y libertad. Ese balance es el que produce la justicia: la justicia es consecuencia de un balance entre el orden y la libertad. Pero cuando hablamos de un orden, tenemos que juntar las palabras, y nos referimos por lo tanto a un orden justo, porque no es el orden absoluto, sino el orden justo, es decir, Orden y Justicia, conceptos inseparables dentro del bien común, que es el fin único del Estado, y que además la prevalencia del bien común es la condición de la paz.

Cuando hablamos de orden justo tendremos que entrar a dos conceptos adicionales: orden jurídico y orden moral. ¿Cuál es el que el estado preserva? El Estado trabaja por un orden jurídico, porque ¿qué es un orden moral? Un orden moral está vinculado con creencias y con circunstancias diferentes, por ejemplo, para alguien puede ser amoral ponerse minifalda, o andar el pelo corto, o un hombre usar aretes, alguien puede ver eso como incorrecto. Ese orden moral al Estado no le interesa, les interesan a grupos sociales particulares. Llegar a una iglesia (católica o evangélica) con determinada forma de vestir, o ciertas apariencias de repente choca con la moral de esa iglesia, pero eso no es un orden jurídico, es un orden moral. La diferencia entre orden moral y orden jurídico, es que orden jurídico es responsabilidad del estado, y no está sujeto a creencias, opiniones, percepciones, circunstancias emocionales particulares de las personas, sino que está directamente vinculado al derecho positivo, es decir, a la norma escrita, a la norma vigente. De tal forma que, el orden jurídico está relacionado con el derecho, y está expresado en la norma escrita, lo que no está escrito, no está prohibido. Si usar minifalda, no está prohibido, todas las muchachas que están aquí, pueden usarlas. Pero les voy a decir algo más, pregunto ¿Por qué los varones aquí sentados, no usan minifalda? ¿Saben por qué no usan? No porque lo prohíba el orden jurídico, sino porque lo prohíbe un orden moral. Pero si él se pusiera minifalda, tengan la plena seguridad que la policía no lo va echar preso, porque legítimamente no hay falta ni delito.

La diferencia conceptual es clara: el orden jurídico, es obligación del estado preservarlo. Pero ese orden jurídico tiene dos connotaciones importantes: Orden privado y Orden público. ¿Qué es orden privado? El orden privado es una relación entre los particulares. Si nos referimos, por ejemplo, al derecho penal, hay delitos de orden privado: si alguien te injuria y calumnia, es un delito, pero a instancia de particulares. Si el particular no se siente ofendido, no hay delito; si no actúa en la causa acusando al otro, no hay delito, es decir, no hay perjudicado, no hay delito, es un asunto de orden privado, el estado no actúa por su propia cuenta.

Pero, cuando nos referimos al Orden público, hablamos de delitos de orden público, de tal forma que, no es un problema que alguien quiera o no, es que, frente a ese tipo de delitos, por ejemplo, un homicidio, una violación, el estado está obligado a actuar de oficio, no es porque la víctima no se sienta perjudicada, podría decir: “Yo lo perdono”, no, el estado debe actuar, y lo hace de oficio, porque es un problema de orden público, de interés social.

Aquí viene un fenómeno contemporáneo, y es que, cada día que pasa, dado que somos más personas viviendo en el mundo, más personas habitando las ciudades, en esta “Casa común”, dado que nuestros espacios comunes son cada día más comunes, los espacios privados se restringen y son, en realidad, cada vez menos. Hoy, el ámbito de orden público es mucho mayor que de orden privado: hace cincuenta años, si tenías una finca y querías quemar el bosque completo, ¿quién te dice algo? Nadie. Hoy, hacelo, y va a llegar MARENA y los policías con una multa o alguna acción coercitiva de conformidad con la ley. No podés botar así no más los árboles, aunque serán tuyos y estén en tu propiedad, no podemos hacerlo, estamos sujetos a una regulación. Entonces, el problema, antes, era de orden privado, hoy se convierte en asunto de orden público.

Hace cien años, ¿cuántos asuntos eran de naturaleza privada? ¿Y cuántos eran de orden público? Por ejemplo: hace algunas décadas, pegarle a la esposa porque no te servía la cena caliente, ¿qué era? Un problema privado. Lo resuelve la pareja decía la gente. Incluso me acuerdo de un compañero de la policía, me contó que su abuela decía está expresión: “Hombre que no pega, no quiere”. Pero esa expresión que estoy recordando, ustedes se asustan hoy, pero véanla hace cincuenta o sesenta años, era aceptada por muchos. ¿Quién se metía en el pleito de la mujer y el marido? El marido la saca pateada y morada, antes se decía que ese era “conflicto de la pareja”, de tal forma que el estado no se metía tampoco, no existía regulación que le permitiera intervenir en ese “espacio privado”.

Pero hoy, la ley pública, el orden público, obliga intervenir al estado, es una actuación de oficio frente a esos problemas que aparentemente antes eran de carácter privado. Por lo tanto, en el mundo contemporáneo, el orden público, se impone de manera significativa frente al orden privado, en general, el interés colectivo frente al particular, cuando éste lesiona el bien común.

Y entonces, ¿Qué es orden público?, -estamos generando, en este breve análisis, conceptos de lo más general a lo más particular-, es la condición de vida indispensable para las naciones y para las personas, es decir, para que las personas coexistan en un grupo social, necesitan tener un orden. Y este orden, hoy es público.

Escribió el filósofo español José Ortega y Gasset, autor de La rebelión de las masas (1929): “El estado tiene como principal función producir seguridad”. Este alemán, científico y escritor Johan Wolfgang von Goethe escribió a principios del siglo XIX, “La justicia solo puede darse en un ambiente de orden”, el orden público puede limitar las actividades de los particulares por el bien común. Otro jurista y sociólogo francés, de principios del siglo XX, Mauricio Hauriou, dice: “El Estado, es por naturaleza, opuesto al desorden”, porque el orden es parte de tu naturaleza esencial, sino, desaparece el estado.

Otto Mayer, también jurista de origen alemán del siglo XX, se refirió al “buen orden de la cosa pública contra las perturbaciones que las existencias individuales pueden producir”. Max Weber, jurista y sociólogo, fundador de la sociología moderna, dice: “el orden es aquello que marcan las leyes”, si lo dice la norma, estás obligado a cumplirlo, es un orden justo, parte integrante del pacto social por el bien común.

El Contrato social (1762), documento que marca a los estados modernos (Estados Unidos, Francia, los países de América Latina, Japón incluso), escrito por Jean Jacques Rousseau, enciclopedista y filósofo, francés-suizo, expresa:

Capítulo VI: Del pacto social: “Cada uno pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general… / … En cuanto a los asociados, éstos toman colectivamente el nombre de pueblo y particularmente el de ciudadanos como partícipes de la autoridad soberana, y súbditos por estar sometidos a las leyes del Estado” …

 

Capítulo VII: Del soberano: “…cada individuo puede, como hombre, tener una voluntad contraria o desigual a la voluntad general que posee como ciudadano: su interés particular puede aconsejarle de manera completamente distinta de la que indica el interés común; …/… puede colocarle en oposición abierta con lo que debe a la causa común…/…, cuya pérdida sería menos perjudicial a los otros que oneroso el pago para él, y considerando la persona moral que constituye el Estado como un ente de razón…/…. A fin de que este pacto social no sea, pues, una vana fórmula, él encierra tácitamente el compromiso, que por sí solo puede dar fuerza a los otros, de que, cualquiera que rehúse obedecer a la voluntad general, será obligado a ello por todo el cuerpo…”

Podría alguien decir: “No estoy de acuerdo que en la universidad usen pantalón y camisa, creo que todos los profesores y alumnos deben de venir en vestido de baño”, puedo tener esa opinión, pero mi opinión se opone a la voluntad general, ¿o a lo mejor no? Y, por lo tanto, mi opinión particular debe someterse a la voluntad o interés general que se expresa en la norma. Si me opongo a la voluntad general, el estado, a través de sus instituciones, está obligado a imponerme por la fuerza esa voluntad general, porque mi voluntad particular contradice y perjudica el bien común.

Entonces tenemos: bien común, orden, justicia, orden justo, orden público y orden privado. El concepto de orden público predominada en el siglo XIX y en el siglo XX, pero, a fines del siglo XX, se comienza a transformar el concepto por uno más moderno que se llama: seguridad ciudadana. ¿Cómo evoluciona el concepto de orden público a seguridad ciudadana? Evoluciona por un asunto clave: “ciudadano”, es decir, ¿Qué es seguridad ciudadana? Seguridad ciudadana son las condiciones de orden que permiten el desarrollo integral de los ciudadanos, ciudadanos con derechos y obligaciones, que se transforman en sujetos activos frente al estado en la consecución de su seguridad, la convivencia comunitaria y social.

De tal forma que, lo que es orden público, es decir la responsabilidad del estado de orden, evoluciona, porque el ciudadano adquiere un papel activo como sujeto activo con derechos y obligaciones, no es un simple receptor de la seguridad que ofrece el Estado, sino que coadyuva de manera activa, en la consecución de su seguridad y convivencia. El concepto evoluciona desde finales del siglo XX y principios del XXI, y es que hoy nosotros asumimos a partir de la evolución del estado, como parte de su fin único. Entonces hablamos de la protección de la persona y sus bienes, y del derecho de la seguridad de las personas, asumido incluso la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, que dice lo siguiente: “Todo individuo tiene derecho a la vida, la libertad y la seguridad de su persona”, y los derechos fundamentales de las personas son derecho natural, desde que nace.  Al nacer tiene derecho a la vida, a la integridad física, a la libre circulación, a la nacionalidad, a la propiedad, a la integridad moral, esos son derechos fundamentales.

Esos derechos fundamentales provienen del derecho natural, desde que somos seres humanos. Entonces viene un punto final, para terminar el primer punto de esta lección, significa que, si los derechos fundamentales de las personas son derecho natural, cualquier cosa que afecte los derechos fundamentales, es un atentado contra la seguridad ciudadana. Atentar contra la seguridad ciudadana, contra la vida, contra la integridad física, contra la libre circulación, es atentar contra la seguridad ciudadana de las personas, y atentar contra el bien común. Destruir el patrimonio público o privado, contaminar el medio ambiente, perturbar la convivencia y tranquilidad de las personas, es un atentado contra la seguridad ciudadana. La delincuencia es un atentado contra la seguridad ciudadana, y, por lo tanto, atenta contra los derechos fundamentales, y si atenta contra ello, atenta contra el orden público; si atenta contra el orden justo, atenta contra el bien común, que es el fin único del Estado.

2. Seguridad ciudadana, componentes inseparables.

 

Comienzo señalando lo que dice el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica (1995), suscrito en Tegucigalpa, asumido por Nicaragua, vigente desde 1997, en el artículo 10, asume como uno de los principios primarios: “La seguridad es integral e indivisible”. Fijémonos bien en esta connotación fundamental, ustedes que están sentados aquí, pueden sentirse hoy inseguros o no, por el conjunto de factores que afectan su vida, y no solo por el riesgo de ser víctima de un robo, sino que también por las condiciones de empleo o desempleo, de pobreza o miseria, de salud o riesgo medioambiental, o por las lluvias torrenciales porque el techo está lleno de agujeros, porque tienen un hijo enfermo, o porque el marido la dejó y se fue de casa. Ese conjunto de eventos produce en el individuo la sensación de seguridad o inseguridad, no es solamente un asunto de que fuiste víctima de un robo o delito contra la propiedad, ¿saben por qué? Porque es integral e indivisible, pero además dice, el siguiente principio que asume el Tratado: “inseparable de la dimensión humana”. Cada individuo es uno, no divisible, es imposible separar la inseguridad por robo, pobreza, riesgo medioambiental, eso no existe, te sentís seguro o no, por el conjunto de factores que influyen en la persona única, en su dimensión humana inseparable.

También dice el Tratado Marco, como otro de los principios: “La ayuda solidaria y humanitaria frente a la emergencia, amenazas y desastres”, y además considera “la pobreza y la pobreza extrema como amenaza a la seguridad de los habitantes y de la estabilidad económica”. Aquí se supera lo que antes se decía, hace algunas décadas, que la seguridad solo era un problema de delitos. La seguridad es un conjunto de factores integrales en que se incluyen los aspectos sociales, políticos, socio culturales de la persona, y convergen en el individuo de manera inseparable. Esta es la definición amplia y extendida.

Considerando lo anterior, pero limitándonos ahora a profundizar en una definición restringida y estrecha, obviando por el momento la definición ampliada, valorando solo que la inseguridad ciudadana es el riesgo objetivo y subjetivo de ser víctima de un delito cualquiera, asumimos que seguridad ciudadana tiene cuatro componentes inseparables:

En una matriz de cuatro componentes, a la derecha dos y a la izquierda los otros dos. En el lado derecho, los de naturaleza objetiva y en el izquierdo los de naturaleza subjetiva. Ahora les muestro un lapicero: lo pueden ver, medir, y pesar. No tenés que imaginártelo, es concreto y real. Entonces, podemos afirmar que la seguridad tiene un ámbito objetivo, lo objetivo son hechos delictivos: robo, hurto, homicidio, violencia, violaciones, daños a la propiedad, lesiones, etc., esos son hechos concretos. No es de creer o no creer, es de un suceso definido en la ley penal que provocó un daño o perjuicio, causó víctima y tuvo responsable.

En el año 2018 hubo en el país 682 homicidios (tasa de homicidio: 10.8 x 100 mil habitantes), sumando todos los muertos provocados por la violencia delictiva de cualquier naturaleza. Alguien podría decir que son más o menos, es un problema de percepción que no es sustentado por la evidencia, hay quienes quieren creer o no, pero este no es asunto de creer, es de hechos medibles e identificables. Alguien podría decir, “el lapicero que tenés es un caramelo”, bueno, si quiere ver un caramelo, es problema del otro, pero es un lapicero, es objetivamente comprobable. No es por lo que pensés, creás o supongás, es lo que es.

Y a la derecha también tenemos el otro componente objetivo: la respuesta sobre los hechos: frente a un hecho de violencia de cualquier tipo, hay una respuesta del estado y la sociedad. ¿Qué implica? Investigar, capturar al autor del delito, auxiliar a la víctima, condenar a alguien. Incluso, la Amnistía que en junio aprobó el Estado de Nicaragua, y que “olvidó” los delitos y perdonó las penas por los hechos entre abril 2018 y junio 2019, fue un instrumento jurídico y político que, como he dicho en otras ocasiones, “aceptamos con resignación, no con entusiasmo”. Esa Amnistía es una respuesta política, institucional y jurídica frente a los hechos. Te puede gustar o no, pero es una respuesta real que tuvo consecuencias concretas. Alguien puede decir: “Es que no creo”, ahí está el decreto, lo podés ver y leer: es real y es objetivo.

En la matriz de los cuatro componentes a los que nos estamos refiriendo, a la izquierda está el ámbito subjetivo de la seguridad: es la percepción y la confianza. Miren, “caras vemos, corazones no sabemos”, cada quien es un mundo, y cada colectivo humano tiene sus propias percepciones y sus propios paradigmas construidos a partir de un montón de fenómenos personales y colectivos. Pudieron haber ocurrido diez hechos delictivos, pero la gente pudo haber percibido cien. Puede ser que en esta calle nunca roben a nadie, y que todo esté tranquilo, pero de repente alguien piensa que no se puede pasar ahí en la noche porque lo asaltan a uno, ¿quién dice? No importa que ocurra o no ocurra, vos percibís eso, y es la percepción la que te lleva a reaccionar de una forma u otra, y no los hechos. Y la confianza: pueden tener una relación de 20 años, y resulta que el marido la engañó una vez, y lo descubre la señora. La señora lo perdona bajo condición. Pasan 10 años, y la señora se lo vive repitiendo, “perdono, pero no olvido”, dice. Resulta que el hombre es un gran trabajador que se desvela porque trabaja en la policía y hace turno. Y entonces ese día, por una emergencia, no llega temprano a su casa, no tiene saldo en el celular para llamarla, llega a las once y media de la noche, sudado por el calor. La señora, que hace 10 años lo descubrió en una infidelidad, no le cree. Y es cierto, que el hombre estaba trabajando, y es cierto que hubo una emergencia, que ni almorzó, pero la señora no le cree: esa es la confianza. Y a lo mejor esa llegada tarde, provoca el divorcio. ¿Qué fue lo que pasó ahí? Es que el factor confianza que fue quebrantado 10 años atrás, se lo cobró 10 años después, no fue superado, sino que siguió alimentándose.

Por lo tanto, no es un problema de cuál es la verdad de los hechos, sino cual es la confianza que tenés en la verdad de los hechos, en los hechos cotidianos, personales, humanos, sociales y políticos. Podrías “jurarlo por los dedos de los pies”, pero no te creen, y podrías mostrarle el mensaje, la orden del jefe, pero dice “No, ese es cómplice tuyo”. Y hasta podrías decirle al jefe que llame a tu esposa, ella: “No, sos igual que él”. No hay forma.

Entonces, el ámbito subjetivo, en la matriz, es el ámbito de la izquierda de la seguridad, y el de la derecha, es el ámbito objetivo de los hechos reales, y de las respuestas reales. Esos cuatro elementos son componentes inseparables de la seguridad ciudadana, en “dos caras de la misma moneda”:

Ámbito objetivo Ámbito subjetivo
HECHOS PERCEPCIÓN
RESPUESTA CONFIANZA

En una sociedad, como Tokio, Japón, es considerado uno de los países más seguros del mundo, pero en la capital Tokio, perciben la mitad del riesgo real, es decir, que, aunque es un país seguro, tiene una tasa de homicidios insignificante (menos de 1 x 100 mil habitantes), si ocurren 100 hechos, perciben 50 en su imaginación subjetiva, es decir, siempre perciben menos de lo que realmente ocurre. ¿Por qué? Porque la sociedad, el ambiente, la cultura, las relaciones interpersonales, te lleva a un nivel de confianza social e institucional alto, que te lleva a percibir el riesgo objetivo menor.

En El Salvador, según la medición que hice el año antepasado, la percepción es de 4. Eso significa que por cada hecho que ocurren, los salvadoreños perciben 4, es decir, lo objetivo es 1 y lo subjetivo es 4. El riesgo es 1 y el riesgo percibido es 4. Y las personas no reaccionamos frente al riesgo objetivo, sino que al percibido. Entonces, el temor de los salvadoreños, la incertidumbre o la desconfianza social o interpersonal, está determinada no por lo que realmente ocurre, sino por lo que creen que ocurre.

En Nicaragua, en 2017, los hechos fueron la tasa de homicidios más baja de Centroamérica, 7 homicidios x 100 mil habitantes, una de las cuatro más bajas de América Latina. Las víctimas totales en el país, por violencia delictiva, fueron 431 personas. Mientras que la tasa de homicidios en Costa Rica, nuestro vecino del sur, con un nivel de desarrollo humano mayor que el nuestro, fue de 11 x 100 mil habitantes. Ya no digamos los países del norte, cuya tasa es mayor de 30 o 40 x 100 mil habitantes. Esos son los hechos. La respuesta de los hechos es relativamente alta, baja impunidad frente a los delitos graves.

En Nicaragua, lo subjetivo, la percepción, según la brecha que mencioné era de 1.8, es decir, por cada 10 hechos ocurridos, los nicaragüenses en el año 2017, percibíamos 18. Los salvadoreños, por cada 10, perciben 40; y los habitantes de Tokio, por cada 10, perciben 5. Los ciudadanos reaccionamos con respecto a esas percepciones.

La confianza, la confianza social, la confianza a las instituciones públicas, en Nicaragua era aceptable, alta. Se estima en la confianza en la policía, el sistema de justicia penal, era cercana al 70%, es alto. Mientras que, en El Salvador, por ejemplo, eso no llegaba al 30%, en 2017.

Una pregunta que uno se hace es: en el lado derecho, hechos y respuestas, y en lado izquierdo, percepción y confianza, ¿por qué la diferencia? Una de las razones, no solo en Nicaragua, es que la seguridad es indivisible e inseparable de la dimensión humana, y las personas, en su subjetividad, y las percepciones y la confianza son profundamente subjetivas, identifican un conjunto de factores y reacciones al conjunto de factores, y no solo al factor de riesgo objetivo y cuantificable.

No sé si a ustedes les pasa, pero de repente, un día les parece más largo que otro, ¿por qué? Si el día tiene la misma duración de tiempo. O una distancia les parece más corta que otra: la misma distancia recorrida dos veces. ¿Por qué de repente te pareció ir de Managua a Estelí más corto? ¿Y por qué más largo? Y cuando ves el reloj te das cuenta que el tiempo fue el mismo, pero ¿por qué percibiste otra cosa? ¿Dónde está la diferencia? En la subjetividad personal, en el estado de ánimo, tal vez tenías hambre, o dolor de cabeza, o a lo mejor te peleaste con alguien, o dormiste mal, ¿qué elementos están ahí? Lo objetivo es que el tiempo es el mismo, y lo subjetivo es que percibís el tiempo más largo, o la distancia más corta o más larga, es lo mismo aquí.

Hay un elemento clave: la comunicación social. ¿Qué mensajes recibo en los medios de comunicación? ¿O en las redes sociales? ¿saben una cosa? En estos tiempos, cuando el 70% de la población es menor de 35 años, y cuando esa población depende altamente de las redes sociales y de las plataformas virtuales, la influencia subjetiva en las percepciones, sube. Ese es el mundo contemporáneo, nos guste o no nos guste.

Nosotros fue de adultos que comenzamos a aprender sobre el uso de las redes. Hay jóvenes que nacieron con las redes, desde chiquitos, la mamá para que se callen, los pone a ver en la Tablet o en el celular, pero eso no fue así en mi generación. No fue la generación de los que somos mayores de 40.

¿Qué pasó entonces en 2018? ¿Cuáles son los datos económicos del 2017? Nicaragua tiene una condición de seguridad óptima, favorable; el nivel de inversión extranjera, la más favorable de la región. El empleo, creciente; la pobreza, bajando; la extrema pobreza, reduciéndose; la afiliación a la seguridad social, subiendo; las cifras macroeconómicas, estables; la inflación, moderada; la actividad turística y la construcción, creciente. La economía estaba creciendo durante los últimos 10 años, 4% o un 5% anual. De tal forma que, uno fácilmente identifica que en el 2017 el panorama es positivo. Es como cuando vas donde el médico, te toma la presión, te examina el corazón, te hace exámenes y estás perfecto. Y al día siguiente, te da un ataque al corazón imposible de pronosticar: todos los indicadores eran normales, ningún médico podía haber pronosticado que al día siguiente tendrías un colapso cardíaco, porque todos tus resultados médicos el día anterior eran positivos, buenos… Y ocurrió lo inesperado.

3. Violencia por manipulación y desinformación

En cualquier grupo social, colectivo laboral, familia, o pareja, hay diferencias, contradicciones, legítimas; y también hay coincidencias y similitudes. Nunca encontramos un grupo homogéneo, no existe la homogeneidad colectiva, ya se llame equipo de béisbol, club deportivo, universidad, organización, iglesia, empresa, oficina, partido político, o familia; los casados y los no casados que son parejas, tienen diferencias. Pero uno convive con las diferencias, uno convive con las contradicciones: esas contradicciones y esas diferencias, uno las administra, las entiende, las acepta, y se centra en fortalecer las coincidencias. Si uno quiere tener una pareja, una relación duradera, tiene que potencialidad e incrementar las coincidencias.

Una pareja, tiene diferencias, es imposible que no las tenga, quizás a uno le gusta el gallopinto, y al otro no, es decir, puede haber diferencias por cosas tontas o más graves que, si las exacerban se volverán críticas y llevaran a confrontarlos y fracturar la relación.

Pero, vamos al punto, en marzo de 2018, el panorama es positivo. En diciembre de 2017, en Nicaragua, se desarrollaron los juegos centroamericanos, miles de atletas vinieron de todo Centroamérica, miles de turistas inundaron los estadios, y fueron inaugurados centros deportivos modernos: el Estadio Nacional de Béisbol, el polideportivo Alexis Argüello, las piscinas olímpicas, la remodelación y ampliación del parque Luis Alfonso Velásquez, etc., y miles de personas llenaron los estadios, y se logró, en diciembre, una algarabía deportiva no vista en los últimos años. Felices los atletas de estar en un lugar tan seguro, y asustados de que Nicaragua tuviera esas condiciones, así era las circunstancias y el ambiente que prevalecía.

Una pareja puede estar feliz, pero la vecina, de repente, le dice “Amiga, no es por nada, pero figurate que tu marido llega a tomarse un café en la esquina, y la fulanita, que vos sabes cómo es la fulanita, toma café con él casi todos los días, y ahí pasan platicando. Yo no sé qué platican porque a mí no me gusta meterme en las conversaciones de otros. Pero, lo que te quiero decir es que tu hombre se ve feliz platicando con ella”. Y le comienzan a decir eso a la mujer, le calientan la cabeza, ellos tienen una relación estable, con sus complicaciones normales, y le vas alimentando la cabecita a la señora, y resulta que la fulanita con la que se toma el café, tampoco es fea la muchacha, es simpática, es decir, da como para preocuparse. Pero la vecina te dice, ahí están ahorita, si querés vas a ver que no es mentira. Y a la mujer, le sembrás desconfianza; y el hombre se llega a tomar su café, porque hay buen café ahí, coincide con la otra muchacha de vez en cuando, y platican de lo que sea sin mayor consecuencia.

Dos, o tres semanas después, explota el pleito. Le reclama al marido, la mujer está exaltada, le reclama al marido por una relación que no existe. El marido le dice que no, y que, si llega ahí, y también la fulanita. ¿Y por qué va? comienza una discusión interminable en un estado emocional tenso e impulsivo. ¿Saben qué? Eso puede terminar en divorcio.

Analicemos el escenario de la pareja, un escenario estable, imperfecta, humana, pero estable. Fue contaminada por información poco confiable y mal intencionada, que comenzó a sembrar desconfianza y subjetividad, y provocó una complicación, que termina en separación y divorcio. Primero, veamos un punto, ¿antes de eso, había algún elemento para suponer que esa relación iba a terminar en conflicto? No. ¿Se hubiera esperado que el hecho provocara una ruptura? No. ¿Qué provocó la ruptura? La alimentación irresponsable de las contradicciones, la manipulación y la desinformación.

Cualquier relación personal, colectiva, laboral, comunitaria, religiosa, deportiva, familiar, o de cualquier naturaleza, puede ser fracturada, aunque no existan antecedentes que puedan preverlo, simplemente por la manipulación de las emociones negativas y por la desinformación. Entonces, utilizo una metáfora para señalar eso: en Nicaragua, en abril de 2018, ocurrió un Cisne Negro, es decir, un suceso improbable, imposible de pronosticar estadísticamente, que al ocurrir provoca un gran impacto.

Dice, el que introduce en el mundo reciente este concepto, Nassim Taleb, libanés norteamericano, escribió un libro que se llama precisamente El cisne negro (2007), concepto que toma de un verso de un poeta latino del siglo I, y de un popular refrán inglés del siglo XVII. Los ingleses, en la cotidianidad, tenían un dicho: cuando alguien les prestaba dinero, y sabían que no iba a pagar, “¿Cuándo me vas a pagar? Cuando aparezca el Cisne Negro”. Entonces la respuesta, en el lenguaje popular de Londres, se identificaba como la imposibilidad de que ocurriera. Sin embargo, cuando aparecieron los cisnes negros de Australia (porque en Europa no los conocía), entonces la creencia popular de la sociedad chocó con la realidad, con un concepto: el refrán de “cuando aparezcan los cisnes negros”, ya apareció, porque había cisnes negros. Por lo tanto, se convirtió en esta metáfora, es decir, lo imposible de pronosticar, pero que ocurre, y al ocurrir provoca gran impacto.

Taleb, financiero norteamericano de la Bolsa de Valores, asume el término, y lo aplica nuevamente en la vida política, social, histórica y científica del mundo contemporáneo. Y afirma algo interesante: los cisnes negros son los que han marcado los grandes cambios de la historia. Cristóbal Colón, vino a América, pero no venía a América, por lo tanto, es un hecho que se puede nombrar como un cisne negro, él no venía aquí y vino. Pero también cuando descubrieron los rayos X: los científicos estaban buscando otra cosa, y de repente, vieron que había algo distinto y le pusieron “Rayos X”. Y cuando hablaron del Big Bang, por ejemplo: los científicos estaban apuntando con un telescopio el universo, y había un ruido que se estaba percibiendo; mandaron a limpiar y el ruido seguía; lo mandaron a calibrar, y detectan que el ruido proviene de la profundidad del universo, y ahí formularon la hipótesis del Big Bang: un ruido que venía de la inmensidad del tiempo y la distancia. De tal forma que los grandes cambios han ocurrido así.

¿Cuántos somos padres por los cisnes negros? Es decir, así sucede en la vida real, entonces ese suceso ocurrido a fines de abril, al 31 de marzo del año 2018, ningún analista norteamericano, francés o centroamericano, ninguna organización política ni Naciones Unidas, nadie, podría pronosticar que ocurriría un colapso así, porque los datos que daban ahí, eran que las contradicciones en la sociedad nicaragüense eran totalmente administrables. Las contradicciones no eran insalvables, sino que era como una pareja estable, normal, que vive y convive y tiene sus problemas, no hay ningún peligro de divorcio al día siguiente. Es decir, la sociedad maneja sus contradicciones, tenía sus conflictos, pero en un ambiente donde puede administrar ese conflicto, sin embargo, hubo una ruptura o fractura. Se produjo una ruptura similar a la que dije, la pareja aquella que le cuenta a la vecina, pero un mes antes eso era imposible de pronosticar, pero ¿por qué un mes después la pareja se separa? Alguien alimentó, con manipulación emocional y desinformación, exacerbó las contradicciones, y esas contradicciones se elevaron a magnitudes exponenciales, y provocaron la inesperada e indeseable ruptura.

Una sociedad, para que subsista, necesita alimentar sus coincidencias. Un colectivo laboral, para que sea armonioso necesita alimentar sus coincidencias, sus puntos comunes, y desestimular las contradicciones, abordándolas, pero no alimentarlas. Lo que alimentamos es lo que va a prevalecer: si alimentamos lo malo va a subsistir lo malo, si alimentamos lo bueno va a subsistir lo bueno. Entonces, en Nicaragua, sucedió un Cisne negro, inesperado; se alimentaron de manera irresponsable las emociones negativas, la desinformación fluyó a través de una plataforma virtual de manera exponencial.

Entre abril y julio de 2018, cumplimos el año con esas realidades que están ahí. Los hechos de homicidios subieron: de 431 registrados en 2017, a 680 en 2018, a pesar que sigue siendo la segunda tasa más baja de Centroamérica. La respuesta a los hechos bajó, ¿qué pasó en general en Nicaragua, particularmente en Managua, y otras ciudades como Masaya, Carazo, Matagalpa y León también entre abril y Junio? La policía en general, brilló por su ausencia, hubo un acuerdo político en la mesa de diálogo para que se concentrara la fuerza policial en sus delegaciones y mientras tanto, no hubo cumplimiento de la contraparte, porque los tranques y la violencia que provocaron, se incrementó. Los ciudadanos nos quedaron ahí, cada quien protegiéndose como podía; te robaban, lo siento mucho; había un accidente de tránsito, entiéndanse; no podías recurrir a nadie porque estaba fracturado el sistema institucional y limitados los derechos fundamentales por la violencia delictiva. La respuesta frente a los hechos generó impunidad alta en el país.

La percepción se deterioró, es decir, la brecha, según el dato que calculé de 1.8, es decir por cada 10 hechos en 2017, las personas percibían 18. Pero en 2018, se duplica, por cada 10 hechos, los nicaragüenses estaban percibiendo 30 o 35. Se duplicó la brecha entre lo real y lo percibido a consecuencia de que la confianza bajó. La confianza interpersonal y hacia las instituciones se afectó.

Este es un colectivo laboral, de maestros y estudiantes también, pregunto: ¿Cómo era esa confianza hace 2 años y cómo es hoy? Queramos o no, está lesionada. Y ¿cómo era la confianza en el vecindario? Queramos o no, está lesionada. ¿Cómo es la familia? De repente, uno puede estar, por un lado, y el otro puede estar en otro, y la comunicación se cortó. ¿Y la sociedad en su conjunto? Y la confianza en las instituciones cayó 20 puntos porcentuales según diversas encuestas, y, aunque se ha recuperado un poco, tal vez la mitad, hay deterioro en la confianza real y es la percepción, porque es la subjetividad de las personas la que está actuando.

Entonces, entre abril y julio 2018 tuvimos, en primer lugar: violencia y confrontación inusual e inesperada. Eso es como cuando se pelea la pareja: se saca todo. Y si algo ya lo hablaron, te lo vuelve a sacar. “Aquella vez que viniste con aliento alcohólico”, “y aquella vez que viniste tarde”, es decir, de repente salen muchas cosas. Eso pasó aquí. Asuntos que ya habías resuelto, quizás, comenzaste a sacar los trapos sucios, y cosas que no son exactas, pero no importa. Es decir, se explotaron los odios, resentimientos, ánimo de venganza y a exacerbar múltiples sentimientos, actos y mensajes agresivos para confrontar, esto fue la segunda característica del fenómeno ocurrido.

Tercero, se desencadenó miedos, y desconfianzas, la desconfianza provoca miedos, y el miedo desconfianza. Hubo confusión, desesperanza, y explotaron las emociones negativas. Eso fue como el “Increíble Hulk”, el hombre es muy sereno y tranquilo, y de repente, se está poniendo verde y grandote, comienza a destruir todo. ¿Cuántos increíble Hulk de repente vimos? Inesperado, no parece, pero de repente en las redes sociales comenzaron a atacar y a mencionar cualquier cosa, y a descalificar y agredir con una actitud irrazonable. Y, lamentablemente, ese conjunto de factores y la violencia delictiva, inesperada y creciente, fue utilizada como un instrumento para intentar romper el orden constitucional y asumir el poder político “de facto”.

Vuelvo al punto de partida: pretender romper el orden constitucional es pretender romper el pacto social. El pacto social tiene como esencia el bien común. El bien común es orden y justicia. El orden es orden público y privado, en donde, en el mundo contemporáneo, el orden público predomina. El orden público se manifiesta en la seguridad ciudadana. Y, todo aquello que atente contra la seguridad ciudadana, atenta contra los derechos fundamentales de las personas. Y, por lo tanto, el Estado, cuya obligación, es el bien común, es su propósito fundamental, está obligado a restablecer el orden público y la seguridad ciudadana porque es parte de su naturaleza esencial hacerlo y una necesidad fundamental de los ciudadanos.

Los hechos ocurridos entre abril y julio de 2018, dejaron al país un profundo daño humano: víctimas fatales y lesionados, se estiman 200. La verdad es que la cifra de homicidios en 2017, que fue 450, subió a 670, unos 220 más, producto de la violencia directa del conflicto y de la violencia delictiva en general ante una situación de impunidad porque la policía redujo su capacidad operativa. Se produjo un profundo daño material, algunos dicen un billón de dólares perdidos por la destrucción y la afectación económica: instalaciones, medios públicos, medios privados dañados. Pregunto: ¿quién perdió cuando quemaron una alcaldía municipalidad? Perdió la municipalidad, perdió el Estado, perdió la sociedad. ¿Quién perdió cuando quemaron dos, tres o cuatro patrullas? ¿Quién perdió cuando destruyeron el bulevar de la vía pública? ¿Quién perdió cuando destruyeron la oficina pública de cualquier institución? ¿O una casa de un particular? Perdió la sociedad.

Se produjo un grave daño económico, 119,000 personas perdieron el empleo. Esas personas aún hoy, no han recuperado el empleo. Y están buscado cómo subsistir. Si hay 119,000 personas sin dinero y sin empleo, significa que compran menos, van menos al supermercado, y, por lo tanto, hay menos dinero circulando, porque no tienen ingresos. La recaudación tributaria bajó, por los impuestos no recaudados en las alcaldías municipales, y por la Dirección General de Ingresos. Menos compras, menos circulante, menos ingresos. Si hay menos utilidades, hay menos ingresos fiscales. Cayó la afiliación del INSS, más desempleados, mayor informalidad económica ¿cuántos afiliados menos a la seguridad social? Se produjo una profunda fractura social y económica.

¿Qué es lo más grave de todo? Hay un daño moral, personal y colectivo. Hay profundas lesiones morales. El edificio lo podrías reparar, el bulevar destruido lo podrías reparar, la muerte es irreparable. También el daño moral tiene una fisura en la consciencia social, principalmente en las generaciones nuevas, que vieron en una acción violenta, la posibilidad errónea de un camino para ocupar el poder político de un gobierno, y ese es un mensaje equivocado desde el punto de vista del aprendizaje. Digo ¿Qué aprende la generación presente? ¿Qué mensaje en el imaginario colectivo estamos trasladando para las generaciones presentes y futuras? Que nos confrontamos, que nos peleamos, que destruimos y que ese es el camino, y que esa es la práctica que deberíamos asumir. Eso es insano.

Finalmente, creo que hay un dramático acontecimiento en 2018, un acontecimiento que nos da una oportunidad. ¿Saben cuál? Aprender que ese no es el camino. No es ese el camino, no fue antes ni será después, ni será nunca. Destruir, matar, afectar la economía, afecta el bien común, que es el propósito del estado. La sociedad y el estado están obligados a preservar el bien común. Esto requiere soluciones.

Aquí hay cinco puntos claves que quisiera enumerar como propuestas para una solución efectiva, para construir la convivencia por el bien común:

Primero, aprendamos a administrar nuestras diferencias y a potencializar nuestras coincidencias. No hay relación de pareja, comunitaria, laboral, social y política que subsiste si las personas no somos capaces de alimentar siempre las coincidencias. Sino, podría pasar que, aunque las coincidencias sean muchas, y las diferencias mínimas, alimentando en exceso las diferencias, de repente, podrá colapsar la relación.

Segundo, tenemos que aprender a evitar ser arrastrados por la manipulación mediática y virtual. Hay que aprender a descontaminarse de la desinformación. Hay que buscar las evidencias, hay que sustentar nuestras posiciones con información de calidad. Hay que buscar la verdad. No es “porque la vecina dice”. No es porque “dicen que están matando a los jóvenes”. “Es que dicen que los torturan”. ¿Cuándo? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? No nos alimentemos con desinformación. No aceptemos con facilidad los supuestos ni las especulaciones que pretenden activar emociones negativas, recurramos a la razón.

Tercero, necesitamos promover una cultura cívica y una cultura de paz, que incentive emociones y actitudes positivas. Que promueva la solidaridad, el patriotismo, el compromiso, la esperanza, la convivencia, la confianza social e interpersonal. Cultura de paz y Cultura cívica.

Cuarto, tenemos que aprender los nicaragüenses, a impedir que los actores externos nos impongan su agenda; que respondamos a intereses exógenos, y no propios. Si no somos capaces nosotros de entendernos, y estamos pendientes de qué dice el vecino del norte para decir sí o no, o tal vez, limitamos o impedimos la posibilidad de una auténtica solución nacional. Busquemos la solución de nuestros problemas, el vecino no resuelve, nos agrava las contradicciones, nos complica los problemas. El vecino no contribuye, profundiza las crisis. No lo digo yo hoy, lo dice la historia nacional de 200 años.

Quinto, creo que el país requiere promover cambios institucionales, que fortalezcan a la nación nicaragüense por el bien común, según la Constitución Política: los valores cristianos, los ideales socialistas, las prácticas solidarias, los valores e ideales de la cultura o identidad nicaragüense, la autodeterminación, la multiculturalidad, por el bienestar del país.

4. Conclusiones

Finalmente, expresaré en doce breves enunciados las conclusiones puntuales que comparto:

  1. La Paz social es el predominio del bien común, no es el opuesto de guerra.
  1. El bien común, es orden y justicia: orden público y orden justo.
  1. El orden restringe la libertad, la libertad está limitada por el orden social.
  1. El orden público se transforma en seguridad ciudadana porque el ciudadano tiene derechos y obligaciones, es un sujeto activo que participa en coadyuvar su propia seguridad personal y colectiva.
  1. La seguridad ciudadana es para garantizar los derechos fundamentales de las personas.
  1. Cualquier factor que atente contra los derechos fundamentales, afecta la seguridad ciudadana y va contra el bien común.
  1. El estado, nuestro estado, está obligado a preservar el bien común, que es también seguridad ciudadana.
  1. Desafortunadamente el bien común fue perturbado de manera dramática por un suceso inesperado, imposible de pronosticar entre abril y julio del 2018, que pretendió ocupar “de facto” el poder político explotando la violencia delictiva y la confrontación.
  1. Ello fue provocado por la exacerbación de las contradicciones, mediante la manipulación de las emociones negativas y la desinformación que fluyó de manera exponencial en las redes virtuales.
  1. Es responsabilidad ineludible del Estado, su fin único, preservar el bien común y el bienestar común, restablecer el orden perturbado.
  1. El país, y nosotros sus ciudadanos, sufrimos un daño humano, material, económico y moral que atentan contra el bien común.
  1. El país, y nosotros los ciudadanos de buena voluntad, requerimos soluciones auténticas, nacionales y patrióticas, sin responder a intereses exógenos y por el bien común.

Para concluir no puedo dejar de recordar el lema del doctor Mariano Fiallos Gil, Padre de las Autonomía Universitaria, hace 61 años: “A la libertad por la universidad”, libertad para el conocimiento de la razón y de la verdad, no para la mentira. Libertad que no se alimenta de la manipulación de las emociones y la desinformación. Libertad que reconoce el orden y la justicia como componentes inseparables. Libertad responsable como ciudadanos con derechos y obligaciones. Libertad que no es libertinaje y que es auténtica libertad por el bien común. Libertad para construir y transformar para el desarrollo y la prosperidad colectiva.

Nosotros vivimos en un espacio y tiempo común: Nicaragua 2019, vivimos aquí juntos. No te puedo excluir a vos, ni vos me podés excluir a mí. Soy nicaragüense, nací aquí y tengo derecho a mi nacionalidad.

Todos los seres humanos, y los nicaragüenses, tenemos muchas más coincidencias que diferencias.

Encontremos el camino de la verdad por el bien común.

Muchas gracias.

TAGS
RELATED POSTS
FRANCISCO JAVIER BAUTISTA LARA
Managua, Nicaragua

Comparto referencias de mis libros y escritos diversos sobre seguridad, policía, literatura, asuntos sociales y económicos, como contribución a la sociedad. La primera versión de esta web fue obsequio de mi querido hijo Juan José Bautista De León en 2006. Él se anticipó a mí y partió el 1 de enero de 2016. Trataré de conservar con amor, y en su memoria, este espacio, porque fue parte de su dedicación profesional y muestra de afecto. Le agradezco su interés y apoyo en ayudarme a compartir.

Buscar