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SERVICIO POLICIAL: consideraciones humanas, riesgo y protección

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April 22, 2020

En homenaje y gratitud a los caídos

en cumplimiento del deber por el bien común

 

Sirvan de buena gana,

como quien sirve al Señor

y no a los hombres.

Efesios 6:7

Respetar a las autoridades glorifica a Dios.

Romanos 13:1

 

Toda profesión y oficio conlleva riesgos en distinta magnitud y frecuencia, aunque, como sabemos, algunas tienen más y mayores riesgos que otros por la naturaleza del servicio u ocupación, como es el trabajo de policía, el que, en general, es poco remunerado y suele desarrollarse en difíciles condiciones, con intensas y largas jornadas y en lugares cambiantes y distantes, alejado de la familia, atendiendo las necesidades colectivas de seguridad y orden, lidiando con la conflictividad social y los excesos del comportamiento humano. En algunas ocupaciones, el nivel de riesgo es compensado con remuneración especial, en el de policía, particularmente en Nicaragua y El Salvador, no suficiente.

La contribución social de los policías, como agentes de autoridad pública, en la prestación de múltiples servicios como: regulación de tránsito, patrullaje, seguridad, emergencia, investigación, auxilio a víctimas, protección ante desastres y permisos policiales, en la actuación mediadora, coercitiva y preventiva frente a la violencia delictiva, los conflictos de la convivencia, los desastres naturales y la dinámica de la actividad social, política, turística y económica, en la movilidad creciente y estacional de personas, vehículos y mercancías, resultan indispensables para la sociedad contemporánea.

Es un oficio de utilidad imprescindible, pero con frecuencia poco o insuficientemente reconocido. El agente policial es un ciudadano común y corriente, hecho del mismo material humano, emocional y cultural que los habitantes del país en los que presta servicio, con los gustos y preferencias, virtudes y defectos, miedos y esperanzas, preocupaciones e intereses del entorno, del que es parte y consecuencia inseparable.

No es “extraterrestre” o “producto importado” y “fabricado” para ese propósito, es el resultado de la sociedad en la que vive y trabaja, por vocación y necesidad de un salario, tiene familia, padres y posiblemente varios hijos, quizás es madre soltera o padre responsable o desobligado, vive en un barrio popular o asentamiento, en casa rural o colonia de la periferia o marginal, en casa prestada, alquilada o arrimado, quizás en condiciones de hacinamiento, camina grandes distancias, se asolea y se moja cuando llueve, usa el transporte colectivo, compra en el mercado y fía en la pulpería del vecindario, quizás su madre lo crio lavando ropa ajena, echando tortillas, vendiendo cosa de horno o planchando ropa ajena, seguro no puede comprar con su salario en los grandes centros comerciales, cines o restaurantes, lugares que visita solo cuando patrulla según horario y lugar asignado. Es creyente, aunque no asiste regularmente a los oficios religiosos por razones del servicio o descuido, estudia, cuando se puede, los fines de semana, es aficionado al béisbol, al boxeo o futbol… ¿Alguna vez nos hemos puesto en el lugar de él, nos hemos imaginado en la posición del otro u otra? ¿o solo vemos nuestra condición personal y obviamos las dificultades de la multitud de individuos que necesitamos y nos sirven cotidianamente en nuestra vida? Aunque no nos percatemos allí están: los que limpian las calles, los bomberos, los que en roles nocturnos aseguran diversos servicios básicos, pulperos, personal en hospitales y centros de salud, meseros y cajeros, buseros, taxistas, vigilantes, policías… ¿Nos percatamos de cuántos necesitamos? ¡Cuántas personas nos resultan indispensables! A cuántos requiere la ciudad y el país para funcionar, para facilitar las diversas actividades sociales, políticas, religiosas, deportivas, culturales, económicas, familiares… Allí están, aunque no nos percatemos, aunque, reaccionemos con desconsideración y mal agradecidos, porque caemos en la tentación egoísta o prejuiciosa, nos sentimos “centro del universo” al ignorar, ofender y maltratar al otro, menospreciando al resto, al hombre o mujer que, a veces con mejor dedicación y no ajeno a su imperfección humana, realiza una labor para vivir que todos necesitamos desempeñe.

A los riesgos laborales del servicio policial, además del estrés, la prolongada exposición al sol, la intemperie, el desvelo, la movilidad, las largas jornadas y condiciones inapropiadas de trabajo, se agregan el daño moral y físico que provoca la agresión de otros y las circunstancias que debe enfrentar con su actuación. Se expone a sufrir lesiones, quedar con discapacidad temporal o permanente y también lamentablemente, encontrar la muerte.

Nicaragua y El Salvador, dos países hermanos que nos resultan conocidos en el ámbito cultural, histórico y de seguridad ciudadana, tienen dos condiciones extremas en cuanto al riesgo por la violencia delictiva.  El Salvador ha tenido, durante las últimas dos décadas, como consecuencia del accionar de las pandillas en un contexto de exclusión social y medidas institucionales erráticas, una de las tasas delictivas más altas del mundo, aunque observa, en los últimos cinco años, tendencia de descenso.  En 2017 la cantidad de homicidios llegó a casi 4 mil, tasa de 62 x 100 mil hab., en 2019 se registró una tasa de 45, casi 3 mil víctimas fatales. Esta situación de inseguridad, desde la fundación de la Policía Nacional Civil (1992), obligó a la institución, a fines de la década, a implementar medidas especiales para proteger a los agentes policiales en servicio. Todos los policías realizan patrullaje con armas de fuego, chaleco antibala y otros medios especiales, la unidad de patrulla la integran cuatro agentes; el personal policial, al concluir su servicio, se moviliza sin uniforme.

SERVICIO POLICIAL:  consideraciones humanas, riesgo y protecciónEn Nicaragua, las condiciones han sido distintas. En los últimos veinte años, la tasa delictiva más alta se registró en 2009 llegando a 13 homicidios por 100 mil habitantes; las más bajas fueron entre 2000-2001, cercanas a 10, y después, a partir de 2010 observaron tendencia de reducción sostenida llegando a 7 homicidios x 100 mil habitantes en 2017, una de las menores de América Latina. Volvió a subir –por la exacerbación temporal de la violencia delictiva de abril a julio 2018- a 11 en 2018 y bajó a 8 en 2019 (540 víctimas), volviendo al nivel histórico que confirma el nivel de seguridad ciudadana del país de la última década. Esas condiciones, sumadas al modelo de policía comunitaria y preventiva, cuyo enfoque –con ajustes en el transcurso del tiempo- se remonta al origen de la institución policial (1979), ha llevado a la práctica cotidiana y socialmente aceptada que muchos policías no usen arma de fuego (ojalá siga siendo así), las patrullas urbanas se integran (salvo situaciones especiales) con dos agentes. Es usual observar a los agentes de tránsito sólo con chaleco y bastón lumínico en labores de regulación. El policía camina en la calle y usa transporte colectivo con uniforme, la gran mayoría de la población les guarda respeto y consideración, incluso el delincuente común no suele agredirlos. En general el policía no percibe amenaza o riesgo en la relación con la gente, y el ciudadano se acerca al policía con familiaridad.

En El Salvador, en veinte años (2000-2019), han fallecido en cumplimiento del deber, principalmente por agresión delictiva, 202 agentes policiales, un promedio de 10 cada año, lo que, en relación al total del personal policial de 2019 (23,300), representa 0.87%.  En Nicaragua, en igual período, fallecieron 173, un promedio de 8.65 anual, representa 1.05% de la plantilla policial de 2019 (16,400).

Aunque en términos absolutos las víctimas policiales, en la compleja realidad de violencia salvadoreña es 17% más que en Nicaragua, en términos relativos, en proporción al personal policial total, en Nicaragua es 19% mayor. La razón parece ser que, aunque el riesgo objetivo es menor, por el nivel de seguridad ciudadana favorable, con modelo comunitario y particularidades del servicio policial, en general, el agente policial se moviliza confiado, a veces cansado y actúa sin la precaución apropiada, sin medios de protección especializados (quizás por escases de recursos) según la acción que realiza.

El trabajo de policía es, a nivel mundial y en todas las épocas, un oficio de alto riesgo que requiere condiciones especiales de reconocimiento, seguridad y protección, que realiza actuaciones preventivas e intervenciones coercitivas en correspondencia al nivel de agresión y para salvaguardar la vida, integridad física y propiedad de los ciudadanos, facilitar el desempeño cotidiano, la movilidad de las personas y hacer cumplir la ley. En Estados Unidos y otros países se les nombra: “agencias (agentes) encargadas (os) de hacer cumplir la ley” (Law Enforcement Agencies). Por el riesgo y por ser un servicio público fundamental para el bien común, las legislaciones de todos los países prevén sanciones más graves por no acatar, agredir, dañar o matar a un agente del orden público en el ejercicio de su función; el autor de un hecho criminal de este tipo es agravado, está sujeto con rigurosidad a la ley penal.

Gracias a ellos y a sus familias, el Señor, nosotros y la sociedad les reconozcan su invaluable sacrificio por el bien común que es paz, convivencia y solidaridad.

Policías fallecidos en servicio

SERVICIO POLICIAL:  consideraciones humanas, riesgo y protección

Elaborado: fjbautista, marzo 2020. Fuentes: Policía Nacional; Nicaragua y Policía Nacional Civil, El Salvador

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FRANCISCO JAVIER BAUTISTA LARA
Managua, Nicaragua

Comparto referencias de mis libros y escritos diversos sobre seguridad, policía, literatura, asuntos sociales y económicos, como contribución a la sociedad. La primera versión de esta web fue obsequio de mi querido hijo Juan José Bautista De León en 2006. Él se anticipó a mí y partió el 1 de enero de 2016. Trataré de conservar con amor, y en su memoria, este espacio, porque fue parte de su dedicación profesional y muestra de afecto. Le agradezco su interés y apoyo en ayudarme a compartir.

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