Siempre hablando de Rubén Darío
A 112 años del inicio del retorno definitivo (octubre 1914 – 2026)
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Referirse a Rubén Darío siempre es un asunto inagotable, está en permanente actualización porque la grandeza e inmensidad del autor de Azul…, da la posibilidad de estudiarlo desde distintos ángulos, es posible ver a éste impresionante personaje por la calidad estética e innovadora de su obra y la intensidad de su vida personal y creativa, pero también, de manera más específica, el lado del pensamiento político y religioso, su opinión social, del arte, de la cultura, de la historia. La primera consideración es reconocer que Rubén Darío es protagonista de su tiempo, no es ajeno a su época, nació en Nicaragua en enero de 1867, en un contexto político, social, cultural concreto y real. Fue desde su niñez y tuvo durante el desarrollo de su vida, la destreza y capacidad de interpretar su tiempo y de transformar la literatura. Somos personas de un tiempo y espacio concreto donde hay una práctica y herencia política, cultural, social y religiosa, creencias y costumbres, todos tenemos en las manos la posibilidad de transformar el entorno que nos toca y la manera de percibirlo, alguien dijo: “yo soy yo, y mis circunstancias”, Rubén Darío era él y sus circunstancias, no las tuyas, ni las mías, sino las propias.
Comencemos señalando sus circunstancias. A veces es fácil decir que llegó a las alturas, pero hay que analizar cómo hizo, desde la adversidad y la escasez, cómo hizo para llegar tan alto, es fácil aplaudir al que logró la victoria, pero te has preguntado ¿qué hizo para que fuera posible? Alguien quiere ser un destacado ingeniero, abogado, profesional de éxito, ¿cuántos años debes estudiar con dedicación? ¿cuántas horas para ser exitoso? ¿cuántos obstáculos hay que superar? Todo tiene costos: ¿qué estás dispuesto a hacer para asumirlos? Estuvo dispuesto a pagar el costo para el propósito que asumió. Todo se paga tarde o temprano, si te gusta la vagancia y la vida fácil porque no estudias ni trabajas, no lees, ni te esfuerzas con propósito para enfrentar las adversidades, en consecuencia, estás condenado al fracaso.
Podemos referir dos connotaciones: primero: ¿qué hizo? ¿Por qué es grande? ¿Por qué es reconocido? La segunda es la otra cara de la moneda, inseparable: ¿cómo lo hizo?, qué meta logró y qué tuvo que recorrer para llegar a ella, no fue sin hacer nada, llegó por el camino recorrido en un proceso personal, con los conflictos que conlleva.
Veamos el camino recorrido. Nació en una situación accidentada cuando la mamá se había separado del papá, había conflictos, el ambiente era desfavorable, ella viajó embarazada en carreta, entre polvo, y piedras, la joven con casi 9 meses se movió desde León hasta un lugar rural en Matagalpa, al pasar por Metapa no aguantaba, así que se quedó en una finca y el niño nació. A los pocos días le echaron “agua del socorro”, un bautismo improvisado, el niño estaba muriendo, llamaron a alguien del pueblo para que le pusiera agua bendita, lo llamaron Félix Rubén.
No nació en un “lecho de rosas”, como él escribió, nació casi como Jesús en un pesebre en condiciones de pobreza. El niño sobrevivió, lo llevaron de regreso a León, su mamá al poco tiempo rehízo su vida, él quedó a cargo de su tía abuela doña Bernarda y don Félix; los tíos fueron los padres de crianza. Creció en León; perdió en su memoria el recuerdo de su madre, porque se separó de ella a los 2 años, después de la efímera estadía en San Marcos de Colón, Honduras, adonde su madre y el marido, lo llevaron. Tenía una imagen difusa de la madre, no recordaba al padre, nunca estuvo, para él sus padres eran el tío abuelo y la tía abuela, sus referentes. Viene de familia disfuncional. Al crecer tuvo maestros y fue a la escuela. No era disciplinado en la asistencia escolar, aprendía rápido, tenía sus intereses. Prefería las letras, con matemática tenía problemas. Doña Bernarda, como a los 14 años, preocupada por el rendimiento escolar, pensó que era mejor que aprendiera el oficio de sastre.
Quizás hubiera sido buen sastre dedicado a hacer pantalones y camisas ¿cuáles eran las perspectivas en el muchacho?, le gustaba escribir poesía, dicen que tenía un acordeón y salía a las calles a tocarlo, andaba una libreta en la que anotaba lo que se le ocurría, tenía oído musical, le gustaba el ritmo de las palabras y las armonizaba con el acordeón en las calles de León. Al niño, al muchacho le gusta la poesía lo contrataban para escribir cartas a las novias, porque escribía bonito, cosas bonitas y también escribía versos y los ponían en la procesión de Jesús del Triunfo, popular procesión en Semana Santa, la gente pone arcos con frutas en las calles y dentro de las canastas que guindan colocan versos que había escrito en su niñez; cuando pasaba Jesús del Triunfo, las rompían y salía el monto de papelitos con versos, son los primeros versos que se conocen. Para el muchacho ¿cuál era la perspectiva? no es asistente regular a clases, la abuela piensa debería aprender el oficio de sastre, sus posibilidades eran escasas para el éxito, apenas llegó a segundo año de secundaria.
Una vez un primo tocaba piano en un concierto en León; el joven había estudiado piano, era de la edad de Darío, llegó mucha gente a verlo; Darío llegó, aunque no lo habían invitado, los amigos después de escucharlo lo aplauden. Una anécdota que recoge Edelberto Torrez dice que uno de los amigos le comentó: “Rubén ya viste cómo aplaudieron a tú primo”, Darío responde: “sí, a mi primo lo han aplaudido, ha tocado bien, merece el aplauso, a él lo han aplaudido en León, a mí me va a aplaudir el mundo”. Uno piensa: cómo este muchacho que tiene esos problemas es capaz de ver lo que va a lograr. Un punto importante: tenía visión y propósito, lo asumió de manera obsesiva más allá de las dificultades. Si uno quiere éxito tiene que tener la visión de éxito y propósito, no es suficiente tener la idea, hay que ponerse en marcha, él se puso en marcha. Algunas cosas que le enseñaban en la escuela le parecerían tontas o aburridas, las que le interesaban las aprendía rápido.
¿Cuál fue el camino de Darío hacia el propósito que era la literatura, la poesía? Para comenzar: la lectura. En casa del tío abuelo había muchos libros. El muchacho desde pequeño era curioso con los libros, escarbaba los estantes, buscaba libros que le llamaran la atención. Leyó entre ellos la Biblia, Don Quijote, Las mil y una noches, otros. Estaba leyendo, curioseando entre libros, ese fue el aprendizaje de lo que buscaba ser, estudia por sí mismo, no necesita que la escuela le diga, organiza su aprendizaje. Leía libros que no eran literatura infantil, eran extensos y complejos.
Tenía habilidades. No era de g
randes discursos, era observador, observador acucioso. ¿De dónde vino la capacidad de observar? Tenía la cualidad de escuchar, entender y aprender de lo que escucha. Esos tres elementos: la lectura, lectura curiosa y constante, la observación, percatarse lo que está viendo y poner atención, y la capacidad de escuchar, atender lo que escucha para aprender, son la base del aprendizaje. El orden del aprendizaje fue: escuchar, observar y leer, volver a escuchar, a observar y continuar leyendo, es la escuela rubendariana. No hay título de bachiller, hay capacidad autodidacta a partir de esos tres elementos, ¿dónde aprendió a escuchar? En general nacemos con capacidad de escuchar; si hablas español, el lenguaje no fue aprendido en la escuela, lo aprendieron en casa, aprendimos a hablar español porque escuchamos a la mamá, al papá, a los abuelos, hermanos y parientes hablando español, el idioma materno lo aprendemos en casa, en el entorno, en la escuela enseñan reglas, a escribirlo, pero a hablarlo se aprende escuchando.
Cuenta Darío en su autobiografía que en las casas de León y en donde vivía con sus tíos abuelos, todas las noches había una tertulia, una reunión de vecinos y amigos. Usaban candiles, tomaban café, comían rosquillas, alguien tocaba guitarra, decían poemas y platicaban de literatura, cultura, historia, política, de las guerras, de la Guerra Nacional de Centroamérica, de la Revolución Francesa, de la unión centroamericana, de diversos temas, no era una reunión formal, era un encuentro periódico. Cuenta Darío que todas las noches en la casa de las Cuatro Esquinas había una tertulia y él estaba allí en los brazos de su tía abuela hasta que los parparos se le caían.
Cuando dicen que aprendió a leer a los 3 años, es bueno, pero ese no es el punto de partida. Lo primero fue aprender en un círculo de viejos que discutían asuntos interesantes y en donde él estaba de dos años o menos en el regazo de la abuela. Llegaban políticos de León universitario como Máximo Jerez, profesores, estudiantes, políticos, militares y poetas, en esa ciudad de efervescencia cultural, académica, política, clerical, de pensamiento liberal, colonial, mezcla de cosas que se hablaban en la tertulia, un grupo de personas hablando, Félix Rubén en el regazo de la abuela escuchando.
¿Qué hacía Darío?, no opinaba, no hablaba: escuchaba; aprendió a escuchar temprano y siguió escuchando siempre, es la fórmula básica del aprendizaje. La tertulia en la que aprendió a escuchar en León, continuó en Managua, no fue el aula de clase, fue la discusión de amigos curiosos que, reunidos para hablar, vino la tertulia de San Salvador, del Valparaíso y de Santiago de Chile, de Buenos Aires, Madrid en España, Barcelona, en París, Nueva York y donde estuviera, con un grupo de amigos, poetas e intelectuales hablando, compartiendo y aprendiendo.
Dice Osvaldo Bazil de República Dominicana que Rubén tenía la capacidad de dirigir una conversación y hacerla interesante, sin decir una sola palabra; escucha y asiente, acepta y opina con brevedad, está absorbiéndolo todo. Dicen que Darío tenía memoria de esponja, todo lo absorbía. Otro personaje de la época comenta: era sensible como una mujer e ingenuo como un niño, esa sensibilidad e inocencia da a la persona capacidad para aprender, a veces no nos percatamos, porque el farsante y orgulloso piensas que nadie le puede enseñar, que todo lo sabe, pero Darío tenía la sencillez para entender que de todos podía aprender, esa es una cualidad Rubendariana.
¿Cuál fue la ruta de Darío?, fue autodidacta, aprendió de manera sistemática a partir de escuchar, observar y leer, esos elementos son posibles por la curiosidad, siempre quiere aprender algo con humildad, entender que de todos se aprende, de la simplicidad del vende frutas, del que limpia vidrios de carros, del vigilante de un lugar, de todos. El aprendizaje lo transformaba en literatura. La curiosidad lo llevó a leer mucho, siempre estaba leyendo, viajando con libros, escuchando a las personas, observándolo todo, visitando lugares, asistiendo a tertulias, esa era consecuencia de su insaciable curiosidad por descubrir y crear. El punto de partida es la curiosidad, base del aprendizaje.
Otra cualidad para el aprendizaje: humildad y sencillez. Fue capaz de trasladar su aprendizaje para introducir transformaciones. ¿Cómo lo logró? Hay dos elementos a resaltar, primero: rompió los esquemas, supo romper paradigmas para volver a hacerlo todo, cuando te preguntas, -como Darío se lo preguntó- ¿por qué esto se tiene que escribir así?, Darío creyó que podía escribir de otra forma, planteó la posibilidad de innovar, inició un proceso de cambios en la literatura española.
Otro elemento es persistencia ¿cuántas veces le dijeron que no iba a poder? No desistió, siguió. Tiene autoestima, cree que podrá; alguien puede tirar la toalla cuando le dicen que no va a poder porque es negrito, feíto, pobre, brutito…, ¿cuántas veces en la calle y en la escuela les dicen a los niños así?. Darío vio pasar esas cosas; cuando llegó a España, el joven que no es chele ni ojos azules, es morenito, no alto, de contextura latina, mestizo, muy nica, tampoco tiene títulos que presentar, sin embargo, lleva una manera distinta de hacer las cosas; algunos académicos españoles, lo cuestionan ¿éste de dónde es?, hay una frase de Miguel de Unamuno, rector de la universidad de Salamanca, comentó: “ese al que todavía se le ve la pluma debajo del sombrero”, ¿qué quiere decir? De manera despectiva: que es indio. Rubén se enteró. Unamuno publicó a los pocos meses un poemario que leyó, el nicaragüense escribió una opinión que comenzó más o menos así: “me he sacado la pluma debajo del sombrero, para escribir estas líneas…” fue un elogio a quien lo había tratado de denigrar.
Cuando Unamuno se enteró reconoció la honorabilidad y grandeza de Rubén. Darío tuvo críticas de diversos grupos, de su entorno… Cuando era joven el gobierno era conservador, en León la mayoría liberal, como sus abuelos; en Granada predominaban los conservadores, el muchacho tiene luces de poeta, algunos leoneses propusieron que se lo mandaran a estudiar a Europa, fue discutido en el Congreso, pero algunas opiniones publicadas por el adolescente en las que criticaba a los curas, reflejaba la influencia anticlerical de Máximo Jerez, de los liberales doctrinarios de León, por lo que la mayoría de los conservadores decidieron no aprobar que fuera a Europa; decían que, si a pesar que no ha salido del país ya habla mal de la religión de sus padres, “qué será si lo mandamos a Europa”, entonces decidieron que estudiara en Granada. Eso era incómodo porque las relaciones entre León y Granada eran conflictivas, permanecían en la memoria las diferencias. Darío fue por poco tiempo a Granada, pero no continúo estudiando en el sistema formal, solo terminó el segundo año en León.
No tenía dinero para publicar, así que consiguió cartas de recomendación, cuando fue por primera vez a Chile, a Valparaíso, llevaba recomendaciones, maleta y saco prestado, eso junto a su voluntad, eran lo que llevaba; logró publicar su “libro primigenio” con el que inauguró la nueva etapa en la literatura, en la poesía y la prosa, estaba siendo precursor del Modernismo con Azul…, en 1888.
El punto de partida es “Azul…”. ¿Cuáles fueron los costos de Darío? En primer lugar, no hubo abundante económica, no tuvo dinero ni activos, no le interesó acumular riquezas, el dinero llegaba y se le iba de las manos, era demasiado generoso y no tenía inteligencia financiera. También sacrificó la familia, no le fue posible construir familia estable, siempre estaba moviéndose. Me pregunto qué hubiera pasado si se hubiera quedado en León, se bachillera y se casa, continua la universidad, quizás será buen profesor, simplemente nadie lo hubiera conocido hoy, estaría perdido en la memoria, en el registro académico como profesor destacado o poeta de segunda categoría en León de Nicaragua, en la universidad de León con el título de derecho quizás, su brillo no hubiera el actual. Tuvo que salir fuera del espacio de León que se volvía limitado para sus aspiraciones de grandeza, de innovación literaria, necesitaba ver otros aires. Estuvo en El Salvador, en Chile, Argentina, en América del Sur, paso, en Guatemala, Costa Rica, Estados Unidos, Europa, quería descubrir el mundo.
Otro sacrificio fue alejarse de su patria, quería a Nicaragua a pesar de las tristezas y resentimientos por las cosas que pasaron. Era de pensamiento liberal, fue su visión política desde pequeño, el liberalismo progresista, por eso fue al inicio anticlerical, pero también creyente porque desarrolló una fe intermitente entre creer y no creer, entre dudas y certezas. Se preocupó por la expansión de los Estados Unidos, le parece que se está comiendo a América Latina, está atropellando la independencia, escribe algunos textos en prosa y en verso, el más conocido es “A Roosevelt”, oda o más bien “anti oda”, que dice: “Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español “, su pensamiento es antimperialista, defiende la independencia y soberanía de los pueblos amenazados por Estados Unidos.
¿Cómo logra transformar la literatura? El español a fines del siglo XIX era decadente, España no era la potencia colonial de antes, había perdido sus colonias, entonces el idioma se había vuelto pesado, grandilocuente, necesitaba ser renovado, así como la monarquía era decadente, el idioma que el imperio hablaba requería modernizarse. Darío lo que hace es refrescar el idioma, le da más flexibilidad, construye nuevas estructuras en la prosa y en la poesía, la poesía de Darío, si bien es la que mas conocemos actualmente, en realidad lo que llamó la atención de los académicos de la época, fue la prosa, los cuentos de Darío en Azul…, es prosa poética, renovada, afrancesada, dicen. Llama la atención a los intelectuales, a la generación de jóvenes de América Latina y España quienes ven en el joven nicaragüense las luces del proceso de renovación, el idioma comienza a refrescarse, a hacerse más ágil y joven, eso llama la atención, impacta en el mundo español y en América Latina.
Rubén hizo tres cosas: i) fundó un movimiento revolucionario en la literatura española, el Modernismo, ii) fue capaz de imponerse en el mundo hispanoamericano, logró convencer, iii) tiene carisma, es líder, tiene don de gente, atractivo por su innovación, generosidad y actitud. Pero como decía: el éxito para llegar a la cumbre tiene un camino que recorrer por el que hay que pagar los costos.
Cuando iba a cualquier lugar, la multitud lo seguía, era el ídolo de la generación literaria de la época, cuando regresó a Nicaragua 15 años después en 1907, fue recibido en Managua. Concentró multitudes para recibirlo al bajar del tren y en un recorrido por Masaya, Niquinohomo, Jinotepe, Diriamba, Leon, Chinandega… la gente lo esperaba para saludarlo o verlo pasar, era Nicaragua admirada con Darío. En las ciudades latinoamericanas y españolas fue ovacionado, querían escucharlo, no decía grandes discursos, pero sus poemas despertaban entusiasmo y fascinaban.
Pasados más de cien años de su muerte afirmamos: Primero: es el nicaragüense de quien más se ha escrito en el mundo, de quien más libros se han publicado, es el centroamericano de quien más se ha escrito y publicado en el mundo. Segundo: es centroamericano, de quien más monumentos, escuelas, bibliotecas, calles, plazas, placas o parques del mundo llevan su nombre, no hay ciudad importante, principalmente hispanoamericana, donde no haya una placa, parque, monumento o escuela con su nombre. En Buenos Aires, Argentina, que reconoció como su segunda patria, en un parque está la Oda a la Argentina, el más extenso poema que escribió; los argentinos a veces piensan que Darío es argentino. En los programas de literatura de todas las escuelas Darío es obligatorio, en la educación primaria y secundaria de los países de habla española y otros, está incluido aprender de él. Parte de la obra de Darío ha sido traducida en más de dos decenas de lenguas, además del inglés, al francés, alemán e italiano, al coreano, iraní, mandarín, ruso y portugués, también al misquito que hablan en la costa Caribe de Nicaragua y Honduras.
Darío es universal y cosmopolita, el más universal de los nicaragüenses, el centroamericano más universal, un clásico de la literatura. Hay que ver a Darío en las dos caras de la moneda, por lo que hizo y logró fuera de todo pronóstico, es un CISNE NEGRO, y cómo lo hizo, desde la adversidad, en contra de la corriente, cómo alcanzó el éxito en el largo y difícil camino que tuvo que recorrer para llegar desde la llanura a la mayor altura de la literatura.

