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Carlos Fonseca visionario “tayacán vencedor de la muerte”

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noviembre 7, 2026

8 de noviembre 1976 – 2026: A 50 años de su vida inmortal

Carlos Fonseca Amador (23.06.1936, Matagalpa – 8.11.1976), profesor, escritor, bibliotecólogo y  de vocación revolucionaria, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, a la edad de 40 años, 3 meses y 14 días, cayó en combate al amanecer del lunes 8 de noviembre de 1976 en el sitio de Boca de Piedra, al pie del cerro Zinica (140 kilómetros al nor-este de Matagalpa), una prominente elevación montañosa de unos 1,300 m.s.n.m., en la comarca de Waslala, “Río de plata”, según la lengua Mayagna, (municipio desde 15.08.1989), en aquel entonces parte del municipio de Siuna, del Departamento de Zelaya, hoy, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte (RACCN) de Nicaragua.

La patrulla de quince alistados de la Guardia Nacional a cargo del capitán Enrique Munguía y el teniente Francisco Cisneros que enfrentó –de manera accidental- al heroico y visionario sandinista con la pequeña escuadra guerrillera, cuando cesaron los disparos, la neblina y la oscuridad de la noche se disiparon, llegaron al lugar en donde yacía acribillado el cuerpo del buscado hombre de leyenda, de intensos ojos azules, miope, alto, de piel clara, terco y con varias cicatrices. Encontraron una escopeta con abundante munición, un radio de onda corta sintonizado en frecuencias cubanas, una mochila de montaña con pertenencias personales, un paquete de documentos envuelto en plástico que contenía cuatro cartas escritas por otros guerrilleros, una es el reporte de una serie de incidentes técnicos y problemas logísticos, así como fallas en el cumplimiento de las normas de seguridad interna, el remitente expresa su frustración e indignación por la muerte del guerrillero Edgar Munguía Álvarez y el reclamo que deben “darle a la Guardia su merecido” para demostrar la fuerza de la organización revolucionaria. Como se sabe, “La Gata Munguía”, líder estudiantil y del FSLN (León, 19.08.1947), fue muerto en combate en “El Ocote”, Yaosca Norte, Tuma, Matagalpa, el 13 de septiembre de ese mismo año, 55 días antes.  Los artículos ocupados y la descripción del guerrillero fueron trasladados a Waslala, a unos 20 kilómetros al sur-oeste del lugar por la patrulla militar con los que la Oficina de Seguridad Nacional (OSN) confirmó que se trataba del legendario fundador del FSLN.

Cuentan que, entre las pertenencias, el agente de la Guardia que las registró al inicio, que no sabía leer ni escribir, reportó que había una Biblia, pero lo que realmente resultó ser era un ejemplar de la edición de la Poesía completa de Rubén Darío que el guerrillero, a pesar de su crónica miopía, leía con devoción de poeta y de santo. Es posible que el volumen correspondiera a uno usado que trajo de Cuba, de la Colección Joya de la Editorial Aguilar de 1961 (Madrid, España), impreso en “papel biblia”, lo que permitía que la compilación de la obra poética del autor pesara apenas 350 gramos a pesar de contener 1440 páginas.

Carlos Fonseca, quien usó en la guerrilla los seudónimos de Agapito, Valentín Nolasco y otros, era hijo de Agustina o Justina Fonseca Úbeda (1910 – 1967), “Tina”, originaria de San Rafael del Norte, mujer sencilla, campesina y cocinera, madre soltera, y de Fausto Amador Alemán (1912 – 1987), caficultor y administrador de la mina La Reina de San Ramón, laboró como administrador de bienes de la familia Somoza por lo que fue opuesto al proyecto revolucionario de su hijo con quien mantuvo una relación distante.  Carlos fue criado por su madre en Matagalpa a quien guardó siempre gran afecto y respeto por lo que se identificaba con su apellido.

Supo rescatar la historia y hacer de ella un instrumento de cambio revolucionario, fue artífice de la palabra, de las ideas y la acción, como su compañero Tomás Borge Martínez (1930 – 2012), quien, desde la cárcel, después de diez días interminables de tortura proclamó su inmortalidad, sin permitir que, a pesar de la oscuridad, el silencio y el aislamiento se apagara la esperanza y se agotara la paciencia, para ser inmunes al olvido y permanecer en el altar de los héroes de la patria. Cuenta: “Cuando estábamos en la cárcel llegó un oficial de la Guardia Nacional lleno de alegría a decirnos que Carlos Fonseca había muerto. Nosotros le respondimos: Carlos Fonseca es de los muertos que nunca mueren”. La Constitución Política de la República de Nicaragua evoca: “A Carlos Fonseca Amador, el más alto continuador de la herencia de Sandino, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional y Jefe de la Revolución Popular Sandinista”.

Carlos, hombre reflexivo, sensible, de vida reservada y agudeza revolucionaria, definió a Sandino como “guerrillero proletario”, dos décadas y media después de su asesinato rescató con pertinencia su legado y fundamentó la continuidad de la lucha antiimperialista, social y patriótica que el “General invencible” había proclamado por la liberación nacional y la defensa de la soberanía. Argumentó que “la propaganda enemiga, calumniaba a los sandinistas, afirmando que lo que menos les interesaba era combatir la intervención armada yanqui, y que ésta era sólo un pretexto para dedicarse a cometer delitos. Este tipo de ataque no dejaba de tener algún resultado sobre una población que carecía de una correcta orientación política”.

El sentimiento de nacionalidad y la visión de identidad que el discurso oficial impuso en la narrativa de ese tiempo, pretendía ser sumiso, insuficiente y ajeno, justificar como necesaria y conveniente la invasión extranjera y la dependencia externa, preservar los privilegios oligarcas que profundizaban la exclusión de los desposeídos, ignoraba el heroísmo y la pertinencia de las rebeliones antiimperialistas de Zeledón y Sandino. Logró encontrar desde el análisis dialéctico de la evolución histórica y en el contexto de la realidad social y política, desde la memoria y el inconsciente colectivo, la necesidad y las condiciones para el cambio político y estructural, puso a la luz las raíces profundas de patriotismo y antiimperialismo que sustentaron la larga e intensa lucha popular que desembocó en el triunfo irreversible de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979.

Carlos Fonseca tuvo la acertada y auténtica interpretación del pensamiento y la gesta de Augusto C. Sandino por la liberación nacional que debía comenzar por derrocar a la Dictadura Somocista, continuidad instituida por la ocupación norteamericana en confabulación bipartidista y con las clases privilegiadas, para sustituir y superar la identidad subalterna heredada y construir una sociedad más justa y equitativa. Fue capaz de ver, incluso en el libro que Somoza García mandó a publicar (El Calvario de las Segovias, 1936), la grandeza moral y la enorme dignidad político-social, la trascendencia nacional e internacional del héroe que el autor pretendió desacreditar.

 

Un testimonio: 

Foto finales 1960, Tegucigalpa, barrio Jardín, orillas del río Choluteca que divide Tegucigalpa y Comayagüela. De izquierda a derecha: Manlio Argueta, Tomasito Palacios en las piernas de Carlos Fonseca y Efraín Canales.

Cuenta el amigo Manlio Argueta, -quien cumplirá 91 años el 24 de noviembre- (San Miguel, 1935), laureado escritor y poeta salvadoreño, que estuvo durante varios meses con Carlos Fonseca en la casa de José María “Chemita” Palacios entre fines de 1960 e inicios de 1961. Dice: “el dueño la casa era un hombre de izquierda y nos había refugiado, ambos salimos de El Salvador y Nicaragua respectivamente por ser opositores a los regímenes militares que gobernaban. Carlos estuvo fuera durante 15 días, fue a la frontera de Honduras en donde dijo que contactaría a unos compañeros.  En la casa donde nos alojábamos había una joven bonita que Carlos, que era bien parecido, a veces la quedaba viendo y a mí también me llamaba la atención, aunque no tenía los atractivos del joven nicaragüense tuve la inquietud de acercármele. Cuando coincidimos él tendría 23 y yo 24 años. Yo era 7 meses mayor que Carlos. Un día me reprendió diciéndome que no me atreviera a decirle nada a la muchacha, que guardara distancia, que teníamos que ser respetuosos y agradecidos con quienes nos estaban acogiendo”. Manlio agrega: “Le presté mi pasaporte. Me dijo que un día me lo devolvería, así lo hizo tiempo después. Al principio no quise dárselo, le argumenté que la foto mía no tenía ningún parecido a él. Carlos, que no andaba documentos, me preguntó: ¿tenés miedo? Tuve vergüenza. No, le dije, y se lo entregué. Creo que cambió la foto y lo usó para entrar a Nicaragua. Tuve la impresión que Carlos era un hombre respetuoso, amable, callado, estudioso y fraterno, antiimperialista y solidario, era un visionario de la lucha y la victoria revolucionaria en Nicaragua y en América Latina, capaz de tener profundidad en sus análisis y expresarse con justa convicción para convencer a muchos”.

 

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FRANCISCO JAVIER BAUTISTA LARA
Managua, Nicaragua

Comparto referencias de mis libros y escritos diversos sobre seguridad, policía, literatura, asuntos sociales y económicos, como contribución a la sociedad. La primera versión de esta web fue obsequio de mi querido hijo Juan José Bautista De León en 2006. Él se anticipó a mí y partió el 1 de enero de 2016. Trataré de conservar con amor, y en su memoria, este espacio, porque fue parte de su dedicación profesional y muestra de afecto. Le agradezco su interés y apoyo en ayudarme a compartir.

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