HECHOS FUNDACIONALES de la nación nicaragüense
A más de 500 años del inicio de la resistencia indígena (abril 1523),
A más de 500 años de las fundaciones de León y Granada (diciembre 1524),
A más de 200 años del inicio del proceso de independencia (septiembre 1821),
A más de 200 años de la primera Revolución Popular Antioligarca y Antiimperialista (enero 1823),
A casi 170 años de la expulsión de la invasión filibustera (mayo 1857),
A casi 100 años del inicio de la Guerra por la Liberación Nacional de Sandino (mayo 1927),
A casi 90 años del asesinato del general invencible Augusto C. Sandino (febrero1934),
A casi 50 años del triunfo de la Revolución Popular Sandinista (julio 1979).“Nada surge de la nada”.
Parménides, s. VI a.C.
En ocasión de la publicación del libro HECHOS FUNDACIONALES. De la “REPÚBLICA DE LOS INDIOS” a la “REPÚBLICA SOBERANA” (junio 2026), comparto en 406 páginas esta modesta y dedicada contribución a la reflexión histórica:
Nicaragua actual y todo lo que implica: población, territorio, multiculturalidad y evolución histórica, circunstancias y características políticas, socioculturales y económicas, son consecuencia y han estado determinadas por cuatro hechos, circunstancias o procesos fundacionales que no es posible obviar más allá de la narrativa convencional, el discurso mediático y de otros factores que han incidido en la realidad contemporánea nacional, no ajena al contexto internacional, que se mueve de manera irreversible del fin de la hegemonía unipolar hacia un Nuevo Orden Mundial multipolar.
En primer lugar existe una condición geoestratégica en la que las “Repúblicas de los indios”, como la llamó Patrick Werner, se asentaron, donde habitaron decenas de pueblos provenientes en distintas oleadas migratorias del norte y del sur para quedarse en la beneficiosa posición geográfica y en el entorno natural, en el centro del istmo, entre dos mares, con dos enormes lagos y ríos que los unen entre la naturaleza: venerada, misteriosa, acogedora, productiva e intensa, que despertó, desde la llegada de los aventureros peninsulares la obsesiva búsqueda del “Estrecho dudoso”, el paso que uniera a ambos mares para acceder a las rutas comerciales para la India y China, propósito principal de las iniciales expediciones navales que, frente a lo que inesperadamente encontraron, cambiaron la historia.
La búsqueda de oro y la exploración del “Desaguadero”, hoy San Juan de Nicaragua, fue lo que movió la Conquista durante la primera mitad del siglo XVI, mantuvo el interés de la monarquía española, activó las rivalidades con Gran Bretaña, atrajo la atención de la piratería y de los asaltantes de los mares, despertó la avaricia de los mercenarios de diversas naciones quienes actuaron al amparo de éstas, los que incursionaron con sus naves el río y los lagos, saquearon e incendiaron ciudades, pretendieron apoderarse de la ruta fluvial, ocuparon la costa de los Mosquitos, sembraron divisiones y alimentaron conflictos, establecieron alianzas y desde mediados del siglo XIX, el expansionista de los Estados Unidos desplazó la competencia continental de las otras potencias, puso sus ojos en el istmo, con cañoneras, filibusteros y marines para apropiarse de lo que llamaron “patio trasero” con la inaceptable doctrina Monroe al amparo del Destino Manifiesto. En esa conflictiva interrelación, la ocupación británica de la costa Caribe, la posesión española de las regiones del Pacífico y Centro, surgió, en la evolución y sobrevivencia de los pueblos originarios, la realidad multiétnica, multicultural y plural que integra la nacionalidad y la nación nicaragüense, que es la esencia cultural que va dejando la historia y la voluntad de un destino común que se va erigiendo, superando lo temporal y preservando lo permanente que es substancialmente cultura y territorio.
Los acontecimientos que han marcado el devenir de la historia de Nicaragua en los últimos cinco siglos, por las rivalidades colonialistas, neocoloniales e imperiales, los conflictos regionales y fronterizos, las confrontaciones internas desde aspiraciones, intereses y visiones distintas, las promesas y esperanzas no ajenas a los riesgos y frustraciones, las traiciones alimentadas por las ambiciones exógenas, la rebeldía ancestral, la resistencia, la lucha popular y la revolución, la defensa de la soberanía y el camino de la independencia como proceso, la secuencia de la historia y la necesidad de legitimarla según cada grupo político-económico en el poder, han tenido como elemento geoestratégico referente o se han desarrollado
alrededor del río San Juan, la ruta de tránsito, el potencial canal interoceánico en el territorio que los cronistas españoles calificaron de “Paraíso de Mahoma”, con la riqueza medioambiental del río, el lago, las islas, las montañas, los volcanes y el paisaje profundo que se confunde en el horizonte y acogió la vida individual y colectiva de estos pueblos en la búsqueda de un camino propio para fluir en la existencia como el extenso caudal del río que sigue hacia el mar para desembocar en la ansiada fuente de prosperidad y paz.
La fundación de las ciudades de León y Granada entre noviembre y diciembre del año de 1524 ocurrió por decisión de los conquistadores para asentarse-apropiarse del territorio y facilitar la búsqueda y exploración del “Estrecho dudoso” y “Desaguadero”. Al instalarse en la tierra que recorrían a orillas de los dos enormes lagos, el Cocibolca y el Xolotlán, con abundante población en el entorno, se estaba instaurando el segundo hecho fundacional y definitorio de la ruta que condicionó la historia, un trascendental acontecimiento político, institucional, social y cultural que iniciaba a partir de destruir o tratar de anular el pasado, establecer nuevos paradigmas sobre los cuales la gente, las comunidades, la sociedad, la ciudad y la futura nación se asentarían.
Al no ser viajeros de paso y decidir establecerse, los españoles iniciaban el exterminio del pasado humano, cultural, social y religioso. Comenzaron a mezclarse en las inesperadas y forzadas circunstancias las personas, las ideas, las prácticas, las palabras, los actores de la historia estaban haciendo otra historia, con todo lo que eran y fueron se estaba imponiendo el idioma y la religión que traían los extranjeros, se estableció el diseño urbano, había un nuevo señorío a quien servir, el marco jurídico era traído desde el otro lado del mar y estaban obligados a acatarlo, un nuevo dios a adorar se instalaba mientras los otros eran derribados de los centros ceremoniales, se redefinía lo aceptable, lo no aceptable y las nuevas costumbres y creencias, se creaban nuevas tradiciones, la comida, la bebida, los ritos, la música y la manera de vestir eran otra, no buena o mala, solo distinta, con algo de viejo y algo de nuevo, la población estaba siendo influenciada-condicionada de manera irremediable e irreversible, fue un choque de civilizaciones en donde la más fuerte determinó a la otra, al menos parcialmente, aunque hubo consecuencias para ambas, por lo que puede decirse que ocurrió un antes y un después.
Se impuso lo hispánico y se descalificó, negó y pretendió destruir lo autóctono. Fue un proceso violento y traumático que generó profundas y dolorosas heridas, fue el parto forzado que dio a luz, a la provincia colonial, al Estado como parte de la Federación y a la República soberana de Nicaragua después… la herencia que se manifiesta en la Raza indohispana –historia, lengua, tradición, cultura…– que refirió Sandino en su proclama libertaria y sobre la que escribió Rubén Darío en su lúcida y universal obra literaria.
En menos de tres décadas, entre 1524 y 1550, no solo la población había sido reducida-exterminada, sino que, la que quedaba tenía un rostro distinto y gustos cambiados, a pesar de las costumbres que la memoria colectiva conservaba en el imaginario comunitario, en adelante otro será el relato escrito y contado por la nación y su gente, todo era diferente, la realidad y la manera de percibirla estaban siendo modificadas, lo que se creyó, lo que se era, la piel y los rasgos físicos comenzaron a ser disimiles, otros acentos y preferencias se mezclaban en recuerdos y tradiciones difusas o reelaboradas, viviendo para seguir adelante en escenarios distintos, el mundo conocido evolucionaba con rapidez o era radicalmente sustituido por otro universo…
Ocurría “el fin del mundo conocido”, el “apocalipsis” de los pueblos originarios. Surgió, a partir del trauma la raza indohispana, lazos de sangre, lengua, cultura e historia, de la futura nacionalidad de la Patria Grande, de Nuestra América – caribeña, mestiza, mulata, negra, indígena…
Ambas ciudades vecinas y hermanas, coincidentes en el tiempo y fundadas por el mismo conquistador decapitado, fueron, desde la proximidad territorial y cultural, rivales, lo que se agudizó al inicio del siglo XIX con los movimientos de independencia, las contradicciones localistas y de los clanes familiares que después fueron políticas y desencadenaron las guerras civiles entre 1822 y 1854 por visiones distintas, el modelo de la República Federal y el nuevo estado, ante la imposibilidad que una se impusiera a la otra, a pesar que León había sido capital de la provincia durante tres siglos, la rivalidad de nacimiento creció e implicaba desconfianza, tuvo en los albores del inicio del proceso de independencia su máxima expresión, por lo que la solución fue designar en 1852 a Managua como capital de la República.
El proceso de independencia de la Capitanía General de Guatemala que representaba a la nación centroamericana, de donde se fragmentó la nación nicaragüense, inició con el acta del 15 de septiembre de 1821 asumida con premura por la cúpula gobernante para evitar que fuera realizada de hecho por el pueblo. Fue el desenlace de un conflicto que, a pesar de los levantamientos aislados en San Salvador y Granada, no fue generalizado ni determinante, no fue empujado por una guerra de independencia que forjara consensos a diferencia de lo ocurrido en el Norte y el Sur, lo que debilitó la cohesión del acto inaugural del Estado que después se fragmentó y se llamó República, cuyos conflictos afloraron en el corto plazo.
A la primera independencia de la monarquía española le siguió la segunda, al separarse del imperio mexicano. Cleto Ordoñez desde fines de 1822 inició en Granada y León la primera Revolución Popular, Antioligarca y Antiimperialista que inauguró la rebeldía en la nueva etapa histórica.
Después de la fugaz anexión de Centro América al fallido imperio mexicano, fue declarada la “independencia absoluta” el 1ro. de julio de 1823, dando origen a la República Federal de Centro América, hasta cuando Nicaragua, influenciada por posiciones conservadoras separatistas, ante los conflictos internos y la posibilidad del canal interoceánico en su ventajosa posición geográfica, pensaron que podrían negociar de más fácilmente con posibles inversionistas. El Estado se declaró libre, soberano e independiente, comenzó la disolución de la República Federal el 30 de abril en 1838, fue ésta la tercera independencia.
El contrato de los democráticos o liberales que trajo a los mercenarios norteamericanos en 1855 para enfrentar a los legitimistas o conservadores en el gobierno llevó a la invasión extranjera y a la usurpación del poder por los filibusteros, quienes ocuparon parte del territorio nicaragüense y pretendieron expandirse por Centroamérica, por lo que la guerra civil entre los antagónicos políticos nacionales se transformó en Guerra Nacional de Centro América con el acuerdo del 12 de septiembre de 1856, siendo ahora una guerra por la liberación nacional, la defensa de la soberanía y la expulsión del invasor. Fue la primera Guerra por la Liberación Nacional en defensa de la nacionalidad centroamericana como era asumida en el imaginario colectivo. La victoria de los ejércitos unidos de Centro América frente al agresor expulsó a los filibusteros norteamericanos lo que significó, en el proceso de independencia de la nación, la cuarta independencia el 1ro. de mayo de 1857 cuando Walker capituló saliendo por San Juan del Sur cinco días después.
En 1893 triunfó la revolución liberal nacionalista burguesa liderada por José Santos Zelaya, la segunda revolución nacional, iniciándose el proceso de modernización y secularización del estado, se establecían nuevos parámetros institucionales, se desarrolló la producción del café como parte de la inserción en el mercado capitalista consolidándose una clase emergente empresarial que desplazaba a la predominante latifundista, ganadera y conservadora. Surgían, en las últimas décadas del siglo XIX, otras prácticas económicas, sociales y políticas desde un incipiente pensamiento liberal unionista y nacionalista progresista. El modelo militarista y autoritario, el enfoque de reforma del estado desde la soberanía y autodeterminación, que no eran precisamente antinorteamericano ni anticlerical, fue percibido por estos dos poderosos actores, el uno externo y el otro interno, como acciones hostiles que los confrontaron al limitar sus intereses, además de las contradicciones con los vecinos centroamericanos, con los disidentes liberales, las posiciones progresistas asumidas en la transición de un siglo a otro entraron en contradicción con el conservadurismo eclesial y partidario. Se aceleraba el expansionismo norteamericano ante la necesidad de Estados Unidos para construir el canal interoceánico por el istmo en las rutas de Nicaragua o Panamá.
Al atreverse Zelaya a actuar desde posiciones nacionalistas e independientes que no eran compatibles con los Estados Unidos y que, cuando el poderoso vecino del Norte decidió construir el canal en Panamá, el que buscara a potencias extra continentales para que se interesaran por la ruta en Nicaragua, vino, desde la intolerancia e injerencia norteamericana, a la obligada renuncia y tres años después a la intervención militar directa para que en 1914 se firmara el tratado Chamorro-Bryan con el gobierno títere conservador de Díaz, puesto por los americanos, lo que aseguraba a los Estados Unidos la concesión de la ruta canalera por Nicaragua, aunque no pensaran hacerla, y dos años después, cuando entró en vigencia el tratado, fue inaugurado el canal en Panamá para confirmar la hegemonía continental.
Al inicio de la intervención militar en 1912, Benjamín Zeledón, precursor de la lucha antiimperialista, cayó enfrentando a los interventores y a sus aliados locales. Fue la segunda Guerra por la Liberación Nacional de Nicaragua, la primera del siglo XX. La prolongada ocupación militar, la decisión de preservar en el poder a Adolfo Díaz después del golpe de Estado de Chamorro, firmante del contrato de cesión de la soberanía, desencadenó la Guerra Constitucionalista, guerra civil bajo la intervención militar, a la que, en octubre de 1926, se incorporó, el desconocido Augusto C. Sandino, quien, con convicciones propias, recién llegaba con nuevas ideas políticas y sociales de México aún bajo la efervescencia de la revolución.
El acuerdo impuesto por los Estados Unidos y asumido por Moncada, jefe del Ejército Constitucionalista, entre el 4 y el 11 de mayo de 1927, de entregar las armas, dejar a Díaz en la presidencia, la continuidad de la intervención militar norteamericana que supervisaría las elecciones de noviembre de 1928, en la que Moncada tendría asegurada la presidencia, fue aceptado por todos los generales, menos uno, Sandino, quien, desde las montañas de las Segovias, convirtió la guerra civil que concluyó con el Pacto del Espino Negro, en Guerra de Liberación Nacional por la defensa de la soberanía y la expulsión de los invasores…
La heroica y prolongada resistencia sandinista en contra del poderoso ejército extranjero no pudo ser vencida en ésta tercera Guerra por la Liberación Nacional de Nicaragua, la segunda del siglo XX, que resultó victoriosa al expulsar a los marines, pero inconclusa o frustrada en las perspectivas más amplias por el asesinato de Sandino. Fue constante la preocupación de la cúpula política, diplomática y militar norteamericana quien tuvo que enfrentar el creciente rechazo internacional ante la simpatía –a pesar de incomprensiones y desinformación–, que Sandino arrastraba como símbolo antiimperialista, de valentía y dignidad patriótica. La lucha libertadora y desigual se prolongó hasta febrero de 1933 cuando el guerrillero antiimperialista firmó la paz con el presidente Sacasa, un mes después que el último contingente de marines salió del país. Una esperanzadora oportunidad histórica, no ajena de riesgos, se estaba abriendo para Nicaragua.
Sin embargo, este es el hecho clave que trastocó de manera dramática la historia posible, la evolución del camino alternativo y quizás utópico, de soberanía, independencia y autodeterminación, de solidaridad y equidad social, que el horizonte podría presentar desde la visión sandinista y liberal progresista, estaba siendo frenado por la cruda realidad de dependencia exógena y sumisión local. La Guardia Nacional, en consolidación como instrumento diseñado por la intervención militar, el mando instalado por los americanos, Moncada y Sacasa, el ambicioso y leal Anastasio Somoza García, la fragilidad política del presidente recién inaugurado, puesto para facilitar la desmovilización de Sandino y la transición conveniente, la dócil clase política frente a las imposiciones extranjeras y el interés de los Estados Unidos de impedir que el país se enrumbara por el camino de independencia y autodeterminación que limitara su influencia, llevaron a la eliminación física del único obstáculo real, por él mismo y por lo que representaba en el imaginación nacional y continental.
El asesinato de Sandino el 21 de febrero de 1934 fue el hecho criminal que volvió a truncar la historia e impuso el camino de la rebeldía popular, de la resistencia prolongada, de la lucha por la Liberación Nacional (1961-1979), la cuarta de la historia nacional, la tercera del siglo XX, que llevó al triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979, la última revolución del siglo en América Latina, victoria patriótica, antiimperialista y antioligarca, como la nueva y grandiosa oportunidad de independencia, soberanía y autodeterminación, solidaridad y desarrollo con equidad social, que la injerencia externa, la oligarquía local y la Dictadura trataron de impedir con el magnicidio del General que no pudieron vencer en el campo de batalla, ni en la guerra mediática ni en la conquista de la paz.
Nicaragua en la historia y en el presente, está marcada por cuatro hechos, circunstancias o procesos fundacionales de la nación y la nacionalidad que no es posible dejar de considerar:
1.-Ubicación geoestratégica y el río San Juan de Nicaragua.
2.-Fundación de León y Granada.
3.-Proceso de independencia: desde septiembre de 1821, continuó en 1823, en 1838, en 1857 y 1979.
4.-Asesinato del general Sandino.
Estos condicionamientos fundacionales han determinado los rasgos políticos y socioculturales de la Nicaragua actual. Están en la memoria y en el inconsciente colectivo, en la conciencia de identidad plural de la nacionalidad y la nación multicultural.

